Tente Nublo y otros ritos

Una tormenta es un fenómeno caracterizado por la coexistencia próxima de dos o más masas de aire de diferentes temperaturas. Este contraste asociado a los efectos físicos implicados desemboca en una inestabilidad caracterizada por lluvias, vientos, relámpagos, truenos, rayos y ocasionalmente granizos entre otros fenómenos meteorológicos.

Aunque científicamente se define como tormenta a aquella nube capaz de producir un trueno audible, se denominan tormentas en general a los fenómenos atmosféricos violentos que, en la superficie de la tierra están asociados a lluvia, hielo, granizo, electricidad, nieve o vientos fuertes que pueden transportar partículas en suspensión como la tormenta de arena o incluso pequeños objetos o seres vivos.

Las tormentas eran muy temidas por la población, sobre todo por la gente labradora.

Una de esas tormentas, que produjo efectos en el campo y pudo tener un desenlace fatídico, ocurrió el 9 de Junio de 1915:

 “El día 9 descargó una fuerte tormenta sobre esta villa; la lluvia fue torrencial, cayendo también bastante granizo que produjo sus efectos en los campos, llevando la alarma al ánimo de la sufrida clase agricultora.

En el término de Santa Olalla, entre Llanteno y Arceniega, cayó una chispa eléctrica muy cerca del vehículo que conducía la correspondencia; la caballería quedó algún tiempo tendida en tierra, lográndose después reanimarla, sin que afortunadamente ocurrieran otros daños. En el pequeño carruaje iban el conductor y un sacerdote, resultando ambos ilesos sin otro percance que el susto consiguiente”.

Tenemos recogidos otros sucesos como cuando hace dos años entró un rayo por la torre de Mendieta, saliendo por la chimenea, que pudo acabar en tragedia. También rayos que han partido arboles por la mitad, rayos que han dado muerte a ganado; incluso una persona fallecida a causa de un rayo, que hemos preferido omitir.

Para ahuyentar las tormentas o protegerse de ellas en Artziniega y los pueblos que componen el municipio, al igual que en el resto del planeta, tenían varios rituales o costumbres que han perdurado en el tiempo.  Esto lo hacían para repeler los rayos y para que la piedra (granizo) no les estropease la cosecha que tanto sudor les costaba sembrar o un rayo no les matase el ganado, pues era el sustento de todo el año. También para proteger el caserío de un posible incendio.

 

LAUREL

Una de ellas es la que nos cuenta la gente mayor de los caseríos: ponían en la entrada o en la ventana un ramo de laurel seco bendecido el Domingo de Ramos. A su vez, cuando había tormenta cogían un ramo que tenían bendecido y lo quemaban en el fuego bajo, chapa o en cualquier fuego.

Como con otras costumbres, la iglesia digamos se apoderó de ellas o las amoldó a sus creencias.

Así, ya en la antigua roma contaba Plinio que Tiberio, antiguo emperador romano, se coronaba de laurel cuando había tormenta: “Y porque de todos los árboles que se plantan y se ponen con la mano del hombre sólo este no es golpeado por el rayo que cae en las casas. (…) Se dice que el príncipe Tiberio, cuando tronaba el cielo, se solía coronar de él (laurel) contra el miedo de los rayos”.

Hay más casos como este, tanto en la antigua roma, como en la mitología griega y otras.

La siguiente foto está sacada en el horno de leña de la casa de Isabel Villanueva Orrantia (75 años) “Chabeli” en Campijo. Ella todavía es el día que sigue quemando laurel bendecido y también romero, cuando hay tormenta.

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Otra costumbre que tenían era poner un hacha con el filo hacía arriba fuera del caserío para protegerse de los temidos rayos, hay quienes en la huerta y otros en el leñero.  El filo del hacha hacía de pararrayos para proteger el caserío y el ganado.

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Esta costumbre está extendida por  todo el mundo, así ya en la época neolítica existían unas piedras llamadas “Piedra de rayo” (en euskera “tximistarri”) que las relacionan con hachas neolíticas. En cada lugar del mundo tienen diferentes denominaciones, pero todas relacionadas con el rayo o trueno.

DALLO

Aprovechando que el dallo es de metal, por lo tanto atrae a los rayos, hay quien lo ponía metiendo el mango en el orificio de la hacina (alguna gente le llama meta, los menos), así la cuchilla del dallo quedaba hacía arriba.

Estas tradiciones, es curioso sólo las hemos recogido en testimonios de gente de los caseríos, y sólo una sigue haciéndolo, los demás es de oír a su padre o madre. Estamos hablando de testimonios de gente de setenta años para arriba.

VELAS

De estos dos casos anteriores no hemos recogido testimonio alguno de que se hicieran en el casco histórico (hablamos, entre otras, con dos personas de más de 90 años), que no quiere decir que no se hiciera. La gente que vivía en el casco nos cuenta que se bendecían unas velas el día de Candelas, 2 de Febrero, que luego encendían cuando había tormenta para espantarla.

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En un artículo recogido en Euskal-Folklore y titulado Costrumbres, del año 1921, dice que en Berriz (Bizkaia) se hacía lo mismo que aquí: “Cuando se teme, a causa de la tormenta, que va a caer mucho granizo o piedra, se pone en la ventana la vela bendecida el día de la Candelaria”.

CRUZ

Los padres del inquilino de la torre de Mendieta ponían en la puerta de la torre una cruz de hierro en época de tormentas para protegerla. Es una pena no haberla encontrado. Un testimonio recogido en Artumiana nos contaba que su padre ponía un ramo de laurel en forma de cruz en la huerta del caserío. Hay quienes en la cruz del cabecero de la cama, ponían laurel bendecido en época de tormentas para protegerse de ellas.

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La cruz, hasta que no aparezca, no sabemos cómo será, pero en algunos lugares se usa o usaba como protectora de tormentas la Cruz de Caravaca. Hemos leído que estas cruces también son conocidas como “Cruces de Tormenta” y que vienen utilizándose desde el siglo XV.

SANTA BARBARA

Hay un dicho entre la gente de mayor edad que dice: “Nadie se acuerda de Santa Bárbara hasta que truena”.

La leyenda dice que Bárbara, “era la única hija de un sátrapa llamado Dióscuro. Había quedado huérfana de madre a los siete años y, muy joven, se había convertido al cristianismo. Al regreso de un viaje de inspección por la provincia romana efectuado por su padre, éste propuso a la joven un matrimonio de conveniencia, que ella rechazó. Dióscuro descubrió la conversión de Bárbara al cristianismo y la denunció al pretor romano, el cual se vio obligado a condenarla a la pena capital. El sátrapa, que ya había mandado construir una torre para mantener a Bárbara alejada del mundo y forzarla a la apostasía, la sometió a toda clase de castigos y vejaciones y, finalmente, solicitó permiso para ejecutar personalmente la sentencia de muerte. Después, la degolló con su propia espada. Al momento de cometer el parricidio, Dióscuro fue fulminado por un rayo. A este hecho, según parece, se le ha venido atribuyendo el origen de la frase “acordarse de Santa Bárbara cuando truena “ y de que la Iglesia la nominara Santa Protectora de las personas y de sus bienes frente a las tormentas”.

A esta santa se invocaba para librarse de las tormentas. En Artziniega así decían para ahuyentarla:

Santa Bárbara bendita que en el cielo estás escrita con papel y agua bendita en el signo de la cruz. Padre nuestro, Amén Jesús!

Nos contaba una persona que su padre estaba preocupado porque llevaba mucho tiempo sin llover y se le iba a fastidiar la cosecha de ese año. En esto que un día entraron nubes negras y parecía que ese día sí que iba a llover. A esto su madre empieza “Santa Bárbara bendita, Santa bárbara bendita”.  Y le dice el marido a su mujer: “¡Pero qué haces! Si lo que tiene que hacer es llover”.

El pobre hombre este igual no sabía este refrán recogido en Campijo: Si quieres coger buen boronal, los truenos de San Marcos no los dejes pasar!

TENTE NUBLO

En nuestra villa había diferentes maneras de tañer las campanas: dependiendo de si era para reunir el concejo, si el fallecido era hombre o mujer, si era de clase pudiente, el repiquete de la misa solemne, el ángelus del mediodía, para avisar de un incendio, etc. Algunas de ellas han conocido personas de no tan avanzada edad y sabían diferenciarlas perfectamente.

Una de ellas se conocía como Tente Nublo o A tente Nublo, y de esta, es precisamente de la última tradición para espantar las tormentas  que vamos a tratar.

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Sobre todo en época estival hay pagos a personas por tocar las campanas de la iglesia para ahuyentar las tormentas en las actas municipales desde el siglo XVII  (En ese mismo siglo, hay pagos por tocar a muerto, en Santa Águeda,…). Hace 400 años.

He aquí un ejemplo del año 1622: “las da por descargo dos rreales q gasto en dos noches q avia tormenta con las personas q tanan las campanas“. Tanan es tañan, del verbo tañer: tocar un instrumento musical de percusión o de cuerda, en especial una campana.

El toque a Tente Nublo se hacía en todo el Arciprestazgo de Tudela, el que la parroquia de la Asunción era su cabeza, pero poco más sabemos. De los testimonios recogidos nadie lo había escuchado nunca, ni siquiera que tocasen las campanas en días de tormenta.

En Añes, pueblo ayalés muy cercano al nuestro, sabemos qué se hacía por un testimonio recogido en la revista Euskal-Folklore antes citada. Lo transcribimos tal cual a continuación:

En este pueblo, no hace todavía muchos años, desde la fiesta de la Cruz de mayo a la de septiembre, corría de casa en casa una crucecita, y el que la tenía en su poder ,el día de tormenta tocaba a Tente nube. Este toque de las campanas se acomodaba al compás de los siguientes versos que cantaban los niños:

Tente nube, tente tú,

que Dios puede más que tú,

si eres agua, ven acá,

si eres piedra, vete allá,

siete leguas de Miranda,

y otras tantas más allá.

 

En otros pueblos de Álava, como por ejemplo en los de la Llanada, se tocaba después del toque de mediodía, desde la cruz de Mayo hasta la cruz de Setiembre.

La forma particular de ese toque, era un ritmo acompasado por un  conjuro que decían así en Salvatierra-Agurain: “Tente nube, tente en ti, no caigas sobre mí. Si eres agua ven acá, si eres piedra vete allá. Guarda el pan, guarda el vino, guarda el campo que está florido”.

En este vídeo de Villoruebo (Burgos) se puede escuchar ese repique de campanas.

 

Gracias a un testimonio recogido en el libro La Sociedad Reprimida, a Sajo,  mote por el que se le conocía a un antiguo campanero del pueblo, sabemos algún detalle más. Por lo que cuenta, y por los pagos a personas a lo largo de los siglos, parece ser que aquí se tocaba cuando había tormenta, da igual si era de noche. No sabemos si como en la Llanada Alavesa se tocaba a mediodía o había conjuros.

Este tal Sajo era Eutiquio Tomás Llano Nales Aguirre Ureta, bautizado en la parroquia de la Asunción el  25 de Mayo de 1891, también conocido por Tomás el campanero. Nos cuentan que era un personaje de aúpa. Tocaba aparte de las campanas, el bombo en la Banda Municipal. Vivía en Goienkale, en la casa número 22, hoy 17, y era muy conocido por los flatos que se tiraba. Solía hacer apuestas de que se tiraba hasta 14 pedos seguidos. Toda la gente mayor nos contaba anécdotas de sus “truenos”.

El tal Sajo este, debía ser un artista tocando las campanas, y como era el campanero se encargaba de tocarlas cuando había que espantar la tormenta.

Como hemos dicho, de los testimonios que hemos recogido, nadie ha escuchado el “TenteNublo”. Sajo explica el por qué en el citado libro.

“Una noche de Tormenta empezó a zumbar sobre el pueblo a las dos de la madrugada, y como era mi obligación, en vez de seguir echándole el casquete a la parienta, me levanté, me vestí, me puse un capirucho para no mojarme, fui a la iglesia y subí los tropecientos escalones que tiene el campanario. Cuando por fin llegué hasta allí arriba, puede empezar a tocar aquella especie de arrebato, con el cual se creía entonces, que las nubes, los truenos y los relámpagos se asustarían y se irían a descargar su furia, su lluvia torrencial y sus granizos a otro pueblo. Pero como en aquella ocasión, todas las campanas de todos los pueblos estaban sonando bajo los golpes de aquellos campanazos locos, que les sacudían, todos los campaneros de la comarca, ninguno de ellos consiguió ningún efecto beneficioso, para sus respectivos pueblos; porque la tormenta al verse rechazada en todas partes, se cabreó de tal forma, que decidió descargar su cólera sobre las torres de todas las iglesias del arciprestazgo. Y el caso fue, que al empezar a tocar nuestros hombres, la tronada en vez de alejarse se arremolinó sobre ellas, y empezaron a caer sobre los campanarios de todos los pueblos y demás territorios de los ayuntamientos, toda el agua y todos los truenos, rayos y relámpagos del mundo”.

Pasó tanto miedo  y le entró tal pánico a Tomás, que marchó a casa corriendo y empapado hasta los huesos. Cuando llegó a casa (escasos 30 metros del campanario) paró la tormenta y dejó de tirar agua como un tubo.

Contaba Tomás que comprobaron que cuando dejaron de tocar se paró la tormenta en todos los pueblos del arciprestazgo; así que un día se juntaron todos los campaneros en el bar de Juan y mientras estaban dándole al porrón decidieron que “todos los campaneros del mundo nos hemos puesto de acuerdo, para celebrar la primera huelga de campaneros del mundo, sin pedirles permiso ni a Dios ni al cura, y esta huelga se prolongará hasta que se elimine para siempre el toque de “Tentenublo”, por ser inútil total.”

Así contaba qué pasó después: “Tan pronto los curas comprendieron que íbamos en serio, porque dejamos de tocar el ángelus al mediodía, a misa por la mañana y al rosario por la tarde, y veían que los feligreses no llenaban las iglesias porque decían que no se enteraban de las horas, y por lo tanto las limosnas descendían precipitadamente, el párroco fue a llamarme a casa y me dijo que vale, que lo de Tente Nublo, de momento quedaba apartado, pero que volviera a tocar las campanas, porque si no se iban a descarriar las ovejas de su rebaño, y si se iban al infierno, la culpa la tendrían los campaneros, y entre ellos yo.”

Cuenta que no pasó nada “porque entonces gobernaba la república, que si no todavía estábamos todos en la cárcel!”.

Al de un tiempo cuando volvió a tocar las campanas dice que “me llamó el cura a la sacristía para tratar cosas de mi oficio. Pero cuando le volví a repetir que ni por todo el oro del mundo volvía a subir al campanario a tocar a Tente Nublo, y que lo mismo pensaban todos los campaneros del arciprestazgo, el tío puso el grito en el cielo y me amenazó con quitarme el sueldo. Pero como para mí eso es sagrado, porque es el único dinero que gano en invierno, le dije que si tenía cojones para hacerlo, yo también los tendría para sacudirle una sarta hostias que no le iba a conocer ni San Pedro. El al oírlo, me miró todo sonriente pensando que aquello era broma “.

El cura le contestó que eso le pasaba porque no tenía fe. Le replicó Tomás: “¡Joder con la fe! Si de tener fe se trata ¿por qué en vez de mandarme a mi subir al campanario para hacer el tonto, sabiendo que no tengo la fe necesaria para espantar la tormenta, no sube usted que la tiene? O mejor aún, ¿por qué no nos haces una demostración el próximo día que vuelva la tornada y sin subir a la torre, la espanta desde la iglesia a la vista de todo el mundo?. ¿No cree que eso sería un milagro que le haría rico con las limosnas que le darían y le pondría a usted en los altares?”

El cura le contestó que no era mala idea, “pero de momento lo vamos a dejar así. Y si no quieres subir a tocar, no subas; pero no le digas a nadie, lo que acabamos de hablar aquí”.

He aquí el motivo por el cual se dejó de tocar a Tente Nublo y el por qué, de que la gente mayor no haya oído nunca. Se dejó de tocar entre el año 1931 y 1936, posiblemente entre 1931-33 cuando gobernaba Manuel Azaña (de izquierdas), porque después vino el llamado “bienio negro” y dudamos que los que gobernaron entonces hubieran aceptado eso. O en todo caso en 1936 cuando volvió a ganar la izquierda, en este caso el Frente Popular.

Hoy en día nos cabreamos cuando a causa de una tormenta nos quedamos sin cobertura de móvil o sin señal de televisión, pero antiguamente, u hoy los baserritarras”, se podían quedar  sin la cosecha de ese año o la vaca que les daba leche, que era el sustento de toda la familia. Unas tradiciones más que se han perdido, creemos que para siempre.

 

BONUS TRACK

Aparte de los dichos o refranes mencionados, tenemos recogidos otros tres, que tienen que ver con la meteorología y son propios de este municipio que queremos añadir a este artículo.

Cuando por el Escalón o la Colisa (Kolitza) se ponía negro decían en Santa Coloma: “Ponte los cueros por encima”

Ese dicho vendría porque cuando llovía usaban pellejos de carnero, que eran más grandes que la de las ovejas, para cubrir la yunta de los bueyes.

“Cuando las grullas van a la Peña, coge el carro y vete a por leña.”– “Cuando van para el mar coge las redes y vete a pescar”.

“Cuando las grullas van para Castilla coge el hacha y haz astillas”.– “Cuando las grullas van para la mar, coge el arado y vete a arar”.

Una de las tres rutas migratorias por Europa que hacen las grullas desde el norte hacia el sur para pasar el invierno es la que desde Escandinavia les lleva al sur de la península ibérica y norte de África. Precisamente esta ruta es la que pasa por aquí y de ahí vienen estos refranes. Que viene a decir que cuando las grullas van hacia la peña (Sur), viene el frío. O el caso contrario.

 

P.D: Este es un artículo sobre documentos o testimonios recogidos en el pueblo. No trata de ser un exhaustivo trabajo de cómo hacían nuestros antepasados para ahuyentar las tormentas en Euskal Herria. Lo que constata es que aquí también había esa tradición. Si hubiéramos recogido testimonios hace 30 años, seguramente tendríamos más detalles, pero es lo que hay.

Bibliografía:

Fotografías:

  • Artziniega Museoa.