El euskera en un juicio de 1771

Si ha habido unas fechas concurridas y animadas durante largos siglos en nuestro municipio, esas han sido las jornadas de septiembre en las que se celebraba la feria de La Encina. Se trataba de una de las ferias de ganado más destacadas de todo el occidente vasco. Acudían, durante las dos semanas que duraba, gentes de muy diversos lugares del entorno, que se alojaban en Artziniega durante toda la feria o unos días. Hoy en día se nos hace difícil siquiera imaginar todo al movimiento y trasiego que conllevaba la feria de septiembre. Por esta importancia que tuvo, son numerosísimos −y aún poco estudiados− los testimonios escritos que este evento ha dejado en la documentación histórica, algunos de ellos relacionados con la parte más “animada” de la feria: peleas, robos, excesos alcohólicos, sexo…

Y precisamente es un suceso de este tipo, de los más animados, el que nos va a servir en esta ocasión para fijarnos en un suceso relacionado con la lengua: El primer testimonio que hemos podido hallar del uso de un intérprete de euskera en Artziniega.

Un suceso de la feria de 1770: el testimonio del ventero de Ureta

Según figura en los documentos guardados en el archivo municipal, la tarde del 17 de enero de 1771 −hace 248 años, por tanto− llegaron tres mujeres pidiendo hospedaje a la venta de Ureta. El ventero, Lorenzo de Urizar, las recibió y escuchó a una de ellas relatar a las otras que andaba a la busca de un hombre que la había dejado encinta durante la feria de septiembre. Las mujeres eran vizcaínas y hablaban euskera entre ellas, como la mayoría de habitantes del Señorío por aquel entonces. Pero Lorenzo también era vascoparlante, entendió todo, y dio cuenta de ello a las autoridades locales. Así dice el documento:

“Lorenzo de Urizar, bentero y morador en la venta de Ureta de esta dha villa ha noticiado a su merzed que en la tarde del día diez y siete del corriente mes llegaron a su casa tres mugeres vizcainas y bascongadas a pedir posada y se le dio, y que asi por lo que demuestra la una que dice llamarse maria antonia como por lo que las oyo y entendio de su vascuence, en que dho Lorenzo es natibo, llego a percivir que la tal Maria Antonia estava embarazada, y esta misma a manifestarselo, y que benia con animo de refugiarse y de hallar al sugeto autor de su preñado que havia sucedido en la feria proxima pasada de la Encina y con engaños de que se lamenta la dicha muger…”

Así pues, la mujer llamada María Antonia andaba a la busca del responsable de su embarazo acompañada de dos amigas. Y lo encontraría, porque el asunto pasó a la justicia y fue resuelto en la villa de Artziniega.

 

venta de uretax
Venta de Ureta a principio del siglo XX

El juicio

Al día siguiente, 18 de enero, bajo la presidencia del alcalde la de Villa Pablo Antonio de Aldama, Lorenzo y las tres mujeres comparecieron para dar cuenta del asunto. El alcalde preguntó quién de ellas era la llamada María Antonia y convino a esperar a las otras dos. Inmediatamente percibió Aldama que la mujer no se manejaba en castellano:

“ Haviendo parecido las dichas mugeres (…) y preguntandolas cual de ellas se llamaba Maria Antonia, y respondiendo la dicha llamarse así y de Barrenechea, que al parecer demuestra estar grávida, mando salir y esperar a las otras dos y con su resguardo la tomo y rezibió juramento, y biendo que no se explicaba bien en el castellano nombro a Lorenzo de Ulizar vezino de la dicha villa por ynterprete, a quien tomo también juramento, y rezibiendole de nuevo a la dicha Maria Antonia, la hizo presente el tenor del auto de oficio, por medio de dicho ynterprete y por él mismo, como también por muchas palabras de castellano que combenian con lo que manifestaba el ynterprete ante mi el escribano”.

Como observamos, a la vista de que María Antonia no sabía castellano o que, al menos, no de manera suficiente para expresarse (era algo habitual entre las clases populares de Bizkaia), el alcalde nombró al propio Lorenzo de Urizar como intérprete, ya que era nativo en euskera y bilingüe (esto era práctica habitual en los juicios cuando había personas implicadas monolingües en uno u otro idioma). La citada María Antonia (Barrenechea) era arratiana de Dima, contaba a la sazón con 30 años y era viuda de Joseph de Goioaga.  En su testimonio narra muy bien cómo había acudido a la feria de la Encina a trabajar de cocinera al servicio una mujer de Bilbao de la que no recuerda el nombre pero a la que llamaban por mote “pelo postizo”; prosigue detallando cómo allí conoce a un hombre de Portugalete llamado Manuel Carredano que, manifestándole que era viudo y que andaba con buenos propósitos en busca de mujer, se las ingenió para llevarla al huerto el día 20 de septiembre.  He aquí su testimonio:

“el mes de septiembre del año pasado bino a la feria que se zelebra en el Campo de Nuestra Señora de la Encina zerca de esta villa y en su jurisdicción de cozinera de cierta muger, cuio apellido ignora pero que es vezina de Bilbao muger de un marinero y la llaman por mote pelo postizo (…) que entre los muchos que llegaron fue uno que dixo llamarse Juan Manuel Carredano vezino de Portugalete (…) y que el tal Juan manuel la alego hallarse también viudo y que tenia tratos y conveniencia porque necesitaba una muger y la declarante era aproposito (…) bajo lo cual la propuso que se casaría y la solicito aconocimiento sensual en los dias en que se mantubo y la asistio con importunidades y halagos de cariño y la saco una noche por el campo, ynstando en su torpeza y bajo la palabra de matrimonio que se dieron, tubo diferentes actos de que resulto y se halla embarazada, y se persuade el veinte de septiembre poco mas o menos”

Más tarde, a la vista de que quedó preñada, María Antonia fue hasta Portugalete en busca de Carredano. Allí, comprobó que la historia de la viudez y de las buenas intenciones era más falsa que un euro con la cara de Lenin y que Carredano estaba casadísimo. Además, el hombre tuvo la cara dura de ofrecer dinero a María Antonia por su silencio, e incluso de volver a yacer con ella en Bilbao. Pero la mujer no estaba dispuesta a que Carredano se desentendiera y saliera de rositas, y acudió a la justicia.

Pero dejemos de lado por el momento el affaire amoroso-sexual que provocó el pleito y volvamos al aspecto lingüístico del tema. Al final veremos en qué quedó todo.

Aspecto lingüístico del juicio y su relevancia

Como hemos explicado en otras ocasiones, la historia sociolingüística de Artziniega y de toda la comarca de Ayala tiene aún mucho por investigar; es compleja y últimamente estamos recabando pistas y testimonios que van arrojando luz sobre ello (véanse los últimos hallazgos de Aketza Merino). El asunto que hoy nos ocupa es relevante y nos hace especial ilusión ya que no habíamos tenido noticia del uso de intérpretes de euskera en Artziniega hasta la fecha.

Analicemos con detalle qué nos muestra este juicio de 1771 en cuanto al panorama sociolingüístico: ¿Por qué fue necesario un traductor? ¿Eran las autoridades castellanas monolingües? ¿Quién era exactamente el intérprete?

En primer lugar, hemos de recordar que durante este siglo XVIII tuvo lugar un retroceso muy importante de la lengua vasca en la comarca de Ayala, al igual que en otras muchas zonas de Álava y en el contiguo valle de Gordejuela. Creemos que fue entonces cuando se perdió la transmisión familiar del euskera en el occidente ayalés. Artziniega era particular en este sentido, ya que se constata una presencia del castellano más sólida y anterior que en otras zonas de la comarca y una convivencia entre ambas lenguas que databa de siglos antes (esta convivencia se dio en toda la comarca, incluso en el este). Aun así, la villa hubo de notar el retroceso, ya que habría muchas personas y familias vascoparlantes. Por tanto, cien años después de lo sucedido con Manuel de Mezcorta en la Juntas generales, no creemos que hubiera euskaldunes monolingües en el occidente ayalés, pero si creemos que había personas que hablaban euskera. También en Artziniega. Ejemplo de ello es Lorenzo Urizar (o Ulizar), el ventero de Ureta. Se nos dice sobre él que era vecino de la Villa y euskaldún (“las oyo y entendio de su vascuence, en que dho Lorenzo es natibo”). Pero, ¿era nativo de Artziniega? Parece que no; consultando los archivos sacramentales, hemos visto que Lorenzo Urizar Echebarria era también arratiano, y que casó con la gordojana Martina Zabalburu Mendibil en Zalla en 1764, para pasar después a vivir en Artziniega, donde nacieron sus hijas y donde fallecería diez años después del juicio, en 1781, con solo 39 años. No estamos, por tanto, ante un euskaldún autóctono, sino venido de fuera a trabajar. Dicho sea de paso, es curioso cómo sus apellidos se “ayalesizan” (u orientalizan) en los registros y aparece como “Lorenzo Ulizar Chavarria”.

¿Qué pasó entonces ese 18 de enero de 1771 para que fuera necesario alguien que tradujera lo que decía María Antonia? Veamos de nuevo con atención lo que dice el documento:

ensucastellano

nombro a Lorenzo de Ulizar vezino de la dicha villa por ynterprete, a quien tomo también juramento, y rezibiendole de nuevo a la dicha Maria Antonia, la hizo presente el tenor del auto de oficio, por medio de dicho ynterprete y por él mismo, como también por muchas palabras de castellano que combenian con lo que manifestaba el ynterprete ante mi el escribano”

Resulta difícil descifrar exactamente qué quiere decir aquí el escribano: parece que aunque el alcalde se expresó en castellano, también se dirigió en euskera directamente a María Antonia (por medio de dicho ynterprete y por él mismo, como también por muchas palabras de castellano). Consultado este extremo con el historiador Aketza Merino, y aprovechando el conocimiento que tiene sobre este tipo de pleitos, creemos que sí, que el alcalde Pablo Antonio Aldama se expresó tanto en castellano como en euskera, y que el intérprete fue necesario porque el escribano era monolingüe castellano. Es difícil hacer una foto exacta de la situación, pero creemos que fue así.

Por tanto, este testimonio nos da pistas sobre la presencia del euskera en la villa de Artziniega a finales del siglo XVIII. Sin sacar mayores conclusiones por el momento, tenemos cuatro situaciones en este documento: 1) monolingües euskaldunes de paso por la villa (María Antonia Barrenetxea), 2) una persona vizcáina bilingüe vecina de Artziniega (Lorenzo Urizar), 3) un nativo de Artziniega que sabe euskera (el alcalde Pablo Antonio Aldama, nacido en 1739),  y 4) un monolingüe castellano, el escribano, cuya identidad no hemos podido aclarar por el momento.

Se trata de un testimonio relevante, por un lado por tratarse del primero que constata el uso de intérprete en un juicio en Artziniega, y por otro, porque data de la época en que se produjo el retroceso final del euskera en esta zona del oeste de Euskal Herria, en la que vemos que el castellano sería la lengua muy predominante pero aun con presencia de la lengua vasca entre ciertas personas. Aun no disponemos de datos suficientes para medirla,  pero estamos seguros que cuanto más se indague entre papeles saldrán a luz datos que nos ayuden a ser más precisos.

Addendum: Juicio y pena del “crimen”

Pese a que no es objeto de este artículo dar detalles sobre el affaire entre María Antonia de Barrenechea y Manuel Carredano, no podemos acabar sin contar al menos como acabó el culebrón: Finalmente se probó que Carredano era hombre casado y que dejo encinta a María Antonia con engaños a consecuencia de los tratos de cama que tuvieron en la feria de Artziniega (el documento dice “actos sensuales”). Se dio por tanto orden de detención y le impusieron una dura pena por adulterio: Prisión o en su defecto pena de servicio en los Reales Ejércitos.

¿Recibió así María Antonia la justicia que buscaba? Pues no exactamente, ya que bajo la acusación de debilidad y otras faltas (“fragilidad”, “lascivia, “amancevamiento”) le impusieron pena de reclusión en una de las “casas del reino”. Amargo desenlace para una mujer engañada.

Utzi erantzun bat

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