Las epidemias de cólera en Artziniega S. XIX.

Debido al virus Covid-19, conocido vulgarmente como “Coronavirus”, que está acechando a nivel mundial y sobremanera nuestra provincia, los diferentes Gobiernos están tomando una serie de medidas para controlar la epidemia. La última ha sido el Gobierno de España decretando el Estado de Alarma.

Hasta día de hoy, aunque no ha habido ningún caso en nuestro pueblo, tenemos que estar confinados en casa, salvo en algunos supuestos. Vamos, que estamos sin poder salir a la calle, y sólo pudiéndolo hacer para compras básicas, ir a trabajar, etc.

No ha sido esta, sin embargo, la primera ni será la última epidemia que sufra Álava. En el siglo XIX hubo tres epidemias de cólera bastante potentes, que esta vez sí hicieron mella en Artziniega. Fueron en los años 1834, 1855 y 1885. Hubo otra además que en 1893 afectó a Bizkaia, de que también padecimos efectos.

En la tesis doctoral de Manuel Ferreiro Ardión El cólera en las transformaciones del siglo XIX en Álava. La epidemia de 1834, dice lo siguiente:Frente a las 1.166 víctimas -aunque sean un mínimo que barajo para la epidemia de 1834 en Álava, la mortalidad atribuida a la de 1855 vendría a duplicar esa cifra, dejando claro en términos de mortalidad bruta que ésta fue más devastadora”. Esta infección, según el autor era la llamada cólera morbo asiático. Y al igual que el virus Covid-19, parece que venía de Asia.

En aquella época se tomaron algunas decisiones erróneas, debido a las diferentes teorías que había y al desconocimiento de cómo combatir la epidemia. Pero en estas líneas de lo que vamos a hablar, sobre todo, es de lo recogido en los libros de actas del Ayuntamiento en esos años.

Epidemia del año 1834

En el archivo municipal no hemos encontrado nada. La villa estaba sumida en plena guerra carlista y las actas no hablan del tema. Según la tesis doctoral antes expuesta, debieron de morir 7 personas de cólera. El cálculo lo sacaron mediante la diferencia entre la mortalidad absoluta del periodo agosto-noviembre de 1834 y la media de la mortalidad del mismo intervalo en el decenio 1830-1839 sin 1834. Se trata de un dato que hay que coger con pinzas, por tanto.

Epidemia del año 1855

En la sesión ordinaria del 26 de noviembre de 1854 el Ayuntamiento debido “a la epidemia del cólera que aflige a otras provincias” acordó:

se circule a los pueblos del Distrito para que se cumpla la indicación hecha por la Provincia, y que respecto de esta Villa que previo acuerdo del Cabildo Eclesiastico se disponga ir en rogación al Santuario de nuestra Señora de la Encina lo mas pronto posible avisándose al efecto previamente por los Alguaciles ordenando asistan cuantas mas personas puedan a tan laudable fin”.

Por lo visto no surtió efecto, porque al año siguiente llegó la epidemia.

En este año de 1855, sí que hay cifras. Están recogidos por un tal Gerónimo Roure en su memoria sobre la epidemia de cólera de dicho año. En total en Artziniega murieron por esta causa 22 personas. Y esta vez sí tenemos constancia de que afecto a nuestra Villa y su jurisdicción.

Según José Iturrate debieron ser más; entre los meses de agosto y setiembre, que es cuando más infecciones hubo, fallecieron 48 personas, y 67 en todo el año. El seis de setiembre, por ejemplo, murieron en un solo día seis personas.

La primera fallecida por el cólera fue Juana de Ureta, de 33 años. Se decía de ella, como la mayoría de los fallecidos, que “no habiendo podido recibir el Viático por estar atacada del cólera morbo asiático, de que falleció”.

El 30 de agosto de 1855 en sesión extraordinaria, el mismo día que murió Juana, deciden enterrar los muertos por cólera fuera del cementerio y con unas medidas especiales. Así dice:

Según los partes de los facultativos de cirugía y medicina se ha declarado la epidemia reinante conocida con el nombre de colera por lo que se estaba en el caso de tomar medidas oportunas, y en su virtud se acuerda que se ponga una tejabana provisional en el campo santo para depositar los cadaveres, que en el mismo se haga una zanja contigua a la pared de abajo a los enterradores para poder con mas facilidad dar tierra a los cadaveres, y que á referidos enterradores se les abonen ocho o diez reales mas por cada cadaver, que tambien se prepare cal viva, y que a cada cadaver se le eche seis u ocho celemines de cal antes de la tierra”.

El cementerio en esa época estaba entre Campoabajo y el camino de La Lastra (dónde la casa de Angelines).

Para octubre había cesado la epidemia y llegaron los pagos. “170 reales que desde el 5 de setiembre se gastaron en alimentos y demás en el Hospital provisional de coléricos, con el alquiler y reposición del local”.

El hospital que tenía la villa, contiguo a la casa de Zubiaur, fue demolido por los liberales en 1839, en plena Guerra Carlista, para fortificar la villa. Desde entonces no tenía la villa hospital. Por ello alquilaron un local que desempeñara esa función.

Un ejemplo de varios que podemos encontrar en los archivos: “los curas beneficiarios dijeron que en el año 1839 se fortificó esta población por disposición del Excmo. Señor General en Jefe del Ejército de Operaciones del Norte, con cuyo motivo las tropas encargadas de la operación, demolieron el Hospital de esta Villa, sito en el Campo titulado de Abajo”.

Sin embargo, en ese mismo año de 1855 se empezó a reedificar en el mismo lugar que estaba el anterior. “6 reales de vellón pagados a dos peones en descubrir los cimientos del antiguo Hospital, para formar el plano del nuevo”.

Hospital
Hospital de Artziniega (1855-1914).

Epidemia del año 1885

De las tres epidemias la más virulenta fue la del año 1855 antes mencionada. Según los datos de Pedro M. Ramos la enfermedad afectó al 8,5% de la población y acabó con la vida de 3.000 personas en Álava. Según Iturrate, quién fue párroco del pueblo, un 10% en Artziniega.

Del año 1885 no tenemos datos exactos pero sí noticias. También conocemos las medidas que tomó el ayuntamiento en virtud de una comunicación del Gobernador Civil.

Sesión ordinaria del 2 de agosto de 1885:

“En vista de la comunicación del Excmo. Sr Gobernador Civil de la provincia de fecha 20 de julio ultimo, por la cual se ordena limpien las cuadras, y se blanqueen las casas tanto por la parte exterior como interior y la junta de sanidad acordó en el dia de ayer que se blanqueen las habitaciones y que a los pobres se le facilite la cal por el Ayuntamiento según lo dispuesto en la comunicación del Gobernador. Se acuerda por unanimidad el que se traigan veinte fanegas de cal para distribuir entre los pobres y que se pague su importe del capitulo once del presupuesto de gastos de improvistos del presupuesto municipal.

Tambien se acuerda por unanimidad nombrar a D. Manuel Mardones teniente alcalde para que acompañe a el profesor veterinario D. Juan Lobo al reconocimiento de los establecimientos y tiendas de todos los comestibles que existan en las mismas”.

Aunque no tenemos datos fidedignos de los muertos por el cólera de este año, y parece que fue la epidemia que menos afecto a la población, se tomó una decisión trascendente.

En sesión extraordinaria del 31 de agosto, siendo alcalde Manuel Garavilla y Urrutia, se dio cuenta de y lectura del acuerdo que había tomado la junta municipal de sanidad:

“Referente á que consideran que la feria de Nuestra Señora de la Encina que se celebra en esta villa desde el 14 de setiembre hasta el 22 ambos inclusive, hay diversos pareceres, tres de los individuos que no creen prudente y otros que debe celebrarse y que lo ponía en conocimiento del Ayuntamiento para resolver sobre este particular lo que mejor convenga en atención a las circunstancias que atravesamos por la epidemia de Colera. Despues de una amplia discusión en la que tomaron parte todos los presentes y teniendo en cuenta que el asunto es de gravedad y que se perjudican interés, tanto de la comunidad como particulares, el Ayuntamiento acuerda por unanimidad el que se convoque á una junta general de todo el vecindario con objeto de oir el parecer de todos los vecinos, para en vista de lo que opinen y disponga la mayoría, resolver por la corporación lo que mejor proceda sobre la supresión ó continuación de la feria como en años anteriores, y que dicha junta tenga lugar mañana martes primero de septiembre y hora de las seis de la tarde”

Era tal la importancia que tenía la Feria de la Encina para el ayuntamiento como para los vecinos, que hicieron un referéndum. En el primer y único punto de la junta general del día siguiente se decidió:

“Habiendose reunido en numero de cuarenta y ocho vecinos y despues de ohir el parecer de todos, resultó que cuarenta y tres de los presentes dijeron que se celebrase la feria segun costumbre, tres se reservaron el dar su voto y dos manifestaron que no se celebre la feria y en vista de que casi todo el vecindario opina y pide que se celebre, el Ayuntamiento acuerda por unanimidad el que se celebre la feria segun viene celebrándose de tiempo inmemorial desde el dia catorce hasta el veinte dos ambos inclusive del mes actual”.

Posteriormente, el 6 de setiembre concretamente, y a propuesta de algunos vecinos, acordaron abrir una suscripción municipal para que la gente con sus limosnas ayudase en atender las necesidades de la epidemia.

También, en ese pleno, se dio lectura de una comunicación del gobernador civil de Álava para “establecer en la debida uniformidad las inspecciones sanitarias, trasladar Alava de acuerdo con la Diputación de Vizcaya, que ha delegado en el diputado por dicha provincia D. José Luis Villabaso, sus atribuciones sobre varios Ayuntamientos y entre ellos el de esta Villa

A partir de esa fecha iba a ser la Diputación vizcaína quién hiciera las inspecciones sanitarias en Artziniega.

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Feria de la Encina.

Sigamos con la feria: el pueblo decidió por lo tanto no suspenderla, pero ¿llegó a celebrarse? Daos cuenta que en aquella época, suspender la feria, era peor que si se suspendieran las fiestas de Artziniega y mercado de antaño actuales. Eran días de fiesta, sí, pero sobre todo de negocio. Tanto el ayuntamiento como la gente del pueblo ganaba mucho dinero de ella.

El acta del 20 de setiembre nos lo aclara:

“El Ayuntamiento despues de una detenida discusion en la que tomaron parte todos los presentes y teniendo en cuenta que la feria que debia celebrarse segun costumbre inmemorial y que ha sido suspendida por el Excmo Sr. Gobernador Civil de la provincia con acuerdo de la Junta Provincial de Sanidad, en comunicación de fecha once del actual, en atencion á las circunstancias por que atraviesa la provincia con la epidemia reinante del Colera, y teniendo en cuenta los perjuicios que se originan á el municipio y los vecinos con la supresion de la feria, este Ayuntamiento esta de acuerdo en pedir autorizacion á el excmo Sr. Gobernador Civil de la provincia, para trasladarla a otra epoca tan pronto como cese la epidemia del colera, y si no se podria conseguir dicha autorizacion para celebrar la feria, entonces resolvera este Ayuntamiento la reclasmacion hecha por el rematante D. Pedro Lobo según proceda en justicia”

Como leéis, no se celebró. Esto ocasionó grandes pérdidas económicas en los vecinos del pueblo. Uno fue Pedro Lobo, quién había ganado “el remate para cobrar el recargo de los vinos y licores en el ferial donde es grande el consumo”. De ahí su reclamación.

Para que nadie fuera de pícaro, el ayuntamiento decidió lo siguiente:

“el que se pongan plantones en todas las entradas de la villa con obgeto de que no entre nadie en el ferial, ni en toda esta jurisdiccion se haga transacion de ganado por estar suprimida la feria y el que contravenga á esta disposicion se castigue con lo que el Sr. Alcalde crea prudente”.

Epidemia del año 1893

Aunque las tres primeras epidemias fueron las más sonadas en la provincia, años más tarde, el 5 de octubre de 1893 se dio un caso seguido de defunción. Esto decía el diario La Correspondencia de España después de dar la noticia de la muerte de un hombre infectado:

“En Arciniega reside el subdelegado de medicina y se habían tomado medidas previsoras por su proximidad a Bilbao, estableciendo el municipio un hospital de coléricos y un barrancón para aislar a los que estuviesen en contacto con los mismos”.

El día 14 de octubre el mismo diario informó:

“El gobernador civil de Vitoria ha regresado del pueblo de Arceniega, donde se han presentado nuevas invasiones de cólera morbo asiático.

Supónese que el contagio procede de la llegada á dicho pueblo de un minero de Somorrostro á mediados de setiembre último, pues dos de los invadidos son hermanos del minero de referencia, y este se halla hospedado en casa de los enfermos. La madre de ellos también enfermó y curó sin llamar al médico.

Hasta la fecha han ocurrido en Arceniega seis invasiones y tres defunciones.

Por el Ayuntamiento de Arceniega no se escasean recursos pecuniarios; pero las circunstancias de existir el foco de la enfermedad en un barrio aislado de casas pobres, donde se celebra el mercado de venta y compra de ganado, ha podido tal vez ser causa del progreso de la epidemia.

El Gobernador después de visitar á los coléricos y de enterarse por sí propio de lo que ocurría en la localidad, ha dictado enérgicas disposiciones, ordenando el aislamiento de las personas que asistan a los atacados y el cumplimiento más exacto de las medidas sanitarias”.

Al parecer un minero de Somorrostro se quedó a dormir donde sus hermanos en una casa de un barrio de la villa, y como a la Feria venía mucha gente, contagió a unos cuantos. Las medidas sanitarias dadas por el Gobernador se detallan en la sesión ordinaria del ayuntamiento del primero de octubre de este mismo año. El alcalde y concejales tenían claro, que la epidemia venía esta vez de Bizkaia:

“…de la enfermedad reinante en la provincia de Vizcaya y establecer en esta villa la inspección facultativa sanitaria. Después de haberse hecho cargo de cuanto se ordena y dispone en las circulares de referencia se cuerda por unanimidad lo siguiente:

1º Que se ponga un bando para que se blanqueen en el termino de cinco días todas las casas por dentro y por fuera.

2º Que se traigan cincuenta fanegas de cal y que se distribuyan entre el vecindario para el blanqueo.

3º Que se ordene a las fondas, posadas y casas particulares que den inmediatamente parte á la autoridad de todas las personas que llegan á sus casas.

4º Que se cuenta con el Hospital de esta villa para el caso que se presentase algún caso de colera y destinar una casa en el barrio de Barretaguren que se halla vacante.

5º Que todos los vecinos y viageros que vengan á esta villa de puntos infestados, estarán obligados a presentarse a la ynspección facultativa que se establece en la sala de este Ayuntamiento por termino de seis dias y el que contravenga será castigado con la multa que establece la circular del Sr. Gobernador y se dará parte a la citada autoridad para su imposición como se ordena”.

Casualidades de la vida, el prestigio oftalmólogo Baldomero Castresana Goicoechea, que posteriormente llegó a ser el jefe del Instituto Oftálmico Nacional, estaba por aquí. En aquella época ya trabajaba en Madrid, así que vendría de visita a su pueblo natal o de paso hacia Bilbao.

Su pueblo natal era Llanteno, allí nació el 7 de agosto de 1867. Su madre era Felipa Goicoechea y su padre Matías Castresana. Le bautizaron en la iglesia de Santiago Apóstol con el nombre de Francisco Baldomero Cayetano.

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Baldomero Castresana y Goicoechea.

Los más mayores ya conocieron a su hijo, que también fue oculista. Para que os situéis los más jóvenes, la casa tipo indiana de la familia Castresana es las que está en la esquina que hacen las calles Avenida Garay y cuesta de La Encina.

El señor Castresana, viendo la situación, ayudó tanto a la villa como a la gente de los pueblos de alrededor en sanarles, pero no sólo a los infectados por cólera. Por ello, y en compensación al servicio prestado desinteresadamente, el Ayuntamiento en sesión ordinaria del 5 de noviembre de 1893 acordó lo siguiente:

“En virtud de los casos sospechosos diagnosticados de colera nostras, por el Sr, Subdelegado de Medicina presentados en esta localidad y de haberse establecido una inspección Sanitaria, cuyos servicios reclamaban una asistencia facultativa doble; V. E. tiene conocimiento por oficio remitido por esta Alcaldia con fecha del 13 de octubre ultimo, que D. Baldomero Castresana y Goicoechea Doctor en Medicina y Cirugia y Medico de la Beneficencia Municipal de Madrid, que se encontraba accidentalmente en esta localidad, ofreció sus servicios á este Ayuntamiento sin obligacion alguna y gratuitamente habiendole prestado en efecto, por espacio de tres semanas, no solo en esta villa, sino en los pueblos inmediatos existiendo en el de Retes de Tudela enfermedades de varias clases. En todas partes, ha desempeñado su misión con el mayor celo y eficacia, en vista de lo cual, este Ayuntamiento en masa, como todos sus vecinos solicitan de V. E. informe el siguiente (oficio) favorablemente, é interés del del Excmo Sr. Ministro de la Gobernación una recompensa como premio á sus oportunos y excelentes servicios prestados á este vecindario en general, acordando se pase copia de este acuerdo en oficio, al Sr. Gobernador Civil de la Provincia”.

Para la sesión ordinaria del ayuntamiento del 19 de diciembre la epidemia ya estaba superada. El alcalde explicó las medidas tomadas y que se seguirían tomando y se hizo la relación de gastos que provocó la epidemia, gastos que en parte se sufragaron con la suscripción voluntaria que se puso en marcha. Y también dónde había estado lo que denominaron el foco de la epidemia de cólera nostras; concretamente, en Gordeliz y San Antonio.

“Se hizo presente por el Sr Alcalde que con motivo de la epidemia que se presentó en esta localidad y su barrio de Gordeliz y San Antonio, se tomaron medidas de rigor con objeto de combatir la epidemia del colera y evitar su propagación lo que pudo conseguirse, y que en los primeros momentos de la presentación de la epidemia, varios particulares residentes en esta villa, y algunos vecinos propusieron que debia iniciarse una suscrición voluntaria para con su producto poder coayudar a los gastos que se originaron y poner en practica cuantas medidas estaban aconsejadas por la ciencia, quemando las ropas de cuantos fueron atacados, poner personal para el servicio que sea necesario y aislar a cuantas personas tendrían que intervenir, puesta en egecución esta idea, se nombró de Comisión para hacer la suscrición á los vecinos D. Miguel Castro, D. Cayetano Garay hijo y D. Moises Hoyos, habiendo producido la cantidad de setecientas cincuenta y ocho pesetas. Pagados los gastos por todos los conceptos que se han originado, tanto de quema de ropas hechas, comestibles y peones empleados ascienden á la suma de ochocientas veinte pesetas y seseinta y dos centimos, resulta que hay que satisfacer de los fondos del Ayuntamiento para su completo pago, la cantidad de seseinta y tres pesetas y doce centimos, cuyos documentos y recibos de los gastos estan todos á disposición de los donantes, asi como la lista de suscrción”.

Como habéis leído, en Artziniega superamos en el siglo XIX cuatro epidemias de cólera que nos azotaron con especial virulencia. De momento -y crucemos los dedos- que sepamos no ha habido ninguna persona que haya contraído el coronavirus; aun así, si ocurriera, saldremos también de esta. Esperamos que con esta lectura sobre la historia de nuestro pueblo las horas confinados en casa se os hagan más amenas. ¡Salud!

Bibliografía:

  • El cólera en las transformaciones del siglo XIX en Álava. La epidemia de 1834. Manuel Ferreiro Ardións. Año 2012.
  • Memoria histórico-estadistica de la epidemia de Cólera Morbo Asiático, observada en la Provincia de Álava. D.G. Tours. Año 1856.
  • El antiguo hospital de la villa de Arceniega. José Iturrate Saénz de la Fuente. Año 1984.
  • Archivo municipal de Artziniega.
  • La Correspondencia de España diario universal de noticias. 5 y 14 de octubre del año 1893.
  • Registros Sacramentales de la Diócesis de Vitoria.

Fotografías: