El Juego de Bolos en Artziniega

EL JUEGO DE BOLOS: CARACTERÍSTICAS E IMPLANTACIÓN EN NUESTRO ENTORNO

Contaba Juan José Zorrilla López en su excelente trabajo  Bola jokoa = El juego de bolos (2005) que:

“Sobre el origen del juego de bolos no hay certeza absoluta. Se manejan una serie de hipótesis que intentan explicar el origen de éste poniéndolo en relación con una serie de actividades ancestrales de diferente índole.

En los inicios de este juego estaría la necesidad innata del ser humano de experimentar, de jugar, de lanzar objetos, de relacionarse con los demás y de desarrollar, en definitiva, su vertiente lúdica.

Por otro lado, hay otros estudiosos del tema, que ven en el origen del juego de bolos una serie de actividades más básicas relacionadas con la lucha, caza y supervivencia. Aquí encontraríamos los lanzamientos de maderos, piedras en la caza de animales para la obtención de alimentos; el adiestramiento en el lanzamiento de objetos con una intención bélica, bien fuera de defensa o de ataque. Sin embargo, otros especialistas ven en el juego de bolos un origen mágico y religioso, cuyos ecos han llegado hasta nuestros días por medio de diversas leyendas, prohibiciones eclesiásticas y creencias populares como veremos más adelante.

Dejemos a un lado las teorías del origen del juego de bolos, y centrémonos en los primeros vestigios encontrados de juegos de bolos o juegos similares. Hay indicios (o restos) de juegos de bolos en culturas muy diferentes y diseminadas por la mayoría de los continentes.

Se han encontrado restos en la antigua Polinesia-Malasia. Hay algunos estudiosos que localizan el origen del juego en Egipto 5000 años a.C. debido al hallazgo de unas figuras en la necrópolis de Nagada. Otros autores localizan el origen en las antiguas culturas helénicas de Grecia o Roma. Éstos afirman que en el 3000 a.C. se cita el juego de bolos en los escritos del médico Oribaso de Pérgamo. Entre nuestros eruditos en este tema, tenemos a Telesforo de Aranzadi, que defendía un origen céltico o precéltico del juego de bolos. Algunos autores sitúan el origen del juego en Alemania, en el siglo III como práctica habitual en antiguos ritos teutones. Por último añadir que un autor cita la posible relación el juego de bolos con la cultura persa por medio de una serie de danzas con mazas o bolos de gran peso.

En la medida que avanza la historia, en el siglo XIV, van apareciendo los primeros documentos en los que se cita el juego de bolos; unas veces en tratados de autores moralistas, con la clara intención de discernir entre los juegos dignos de los pecaminosos; y otras veces, la mayoría, en documentos de los siglos XVI y XVII -ordenanzas municipales- que penalizaban el juego de bolos en determinadas condiciones, léase, jugar en las vías públicas, jugar a partir de determinada hora, o en días festivos señalados. La profusión de estas prohibiciones durante estos siglos nos hace entrever la popularidad que alcanzó el juego de bolos”.

En Artziniega no sabemos desde cuando se juega, pero la primera cita sobre el juego de bolos que hemos constatado es de un bando de alcaldía del año 1775 dónde se prohibía jugar antes de misa: “Que ninguno tenga tabla de juego ni juegue naipes, dados ni otros (juegos) prohividos y que  los volos, varra y demas licitos no se jueguen antes de la misa“.

Llegamos al siglo XIX y en el País Vasco tiene tal popularidad el juego de bolos que Estanislao Jaime Labayru y Goicoechea en La historia general del Señorío de Bizcaya dice que, “del juego de bolos nada decimos por ser muy conocido y general”.  En esta época es cuando mayor documentación municipal existe. Normalmente es documentación sobre arrendamientos de boleras con su taberna municipal, construcción de las mismas o permisos de Ayuntamientos para talar un número de árboles para construir los carrejos.

Popularidad del juego de bolos y apuestas

Es precisamente entonces cuando tenemos noticia de la construcción de la primera bolera cubierta en Artziniega, en concreto en la sesión ordinaria del 22 de Abril de 1855: “Convencida la municipalidad de las ventajas que ha de reportar al vecindario el poner un juego de bolos cubierto a fin de evitar el que en los días festivos vayan los vecinos a beber fuera de la jurisdicción, como también el tal establecimiento servira de recreo para el vecindario y aun de utilidad a la generalidad del vecindario en ciertas ocasiones como en el Agosto  se acuerda se haga una tejabana abierta en el punto más aproposito del campo de abajo, a cuyo fin se da comisión a el Alcalde y Regidor primero y Secretario a fin de que lo ejecuten en la forma que mejor les parezca hechando mano de los arboles del común que tengan por conveniente”.

Era tan popular el juego de bolos que no había pueblo sin una bolera. Cuenta Eugenio Arbaitzagoitia Garaio en un artículo publicado en la revista Aunia nº 6 del año 2004 que “Solamente en el área comprendida entre el municipio de Arrankudiaga, Tierra de Ayala, Orozko, Orduña, Artziniega, Llodio, etc., podrían contabilizarse hasta una centenar de bolatokis entre los existentes en pie y aquellos de los cuales se tiene memoria ocular por personas vivas”. Pues efectivamente en Artziniega hemos documentado un total de 15 más 1, algunas de las cuales no aparecen en ningún trabajo hecho hasta la fecha.

Estos juegos de bolos, también en el caso de Artziniega, en su inmensa mayoría estaban ubicados cerca de iglesias, ventas, chacolís o tabernas. En ellos los vecinos del lugar dirimían el precio de las consumiciones, generalmente en domingos o festivos, mientras los aldeanos, muy diestros en el juego, cruzaban fuertes apuestas, sobre todo en los días de mercado, llegando algunos incluso a jugarse hasta el dinero conseguido en la venta o las reses recién adquiridas.

Este caso de apuestas y los desaires y disputas que creaban fue el motivo de la supresión del juego de bolos de la Encina. En un testimonio recogido por José Iturrate a Enrique Torre en el libro El Santuario de la Virgen de la Encina (1998) decía que “el juego de bolos tenía extraordinaria importancia en las ferias, y a menudo se jugaban el producto de la venta del ganado”.

Nos contaba Filomena Campo Urquijo (84 años) que en Campjio “se jugaban el cuartillo y el pellejo de vino, en Santa Coloma una vez hasta la pareja de bueyes se debieron jugar unos”.

Nombres y modalidades

Como habréis observado, hemos usado diferentes maneras para denominarlo y hay más que irán apareciendo como boleras, pasabolo, juegabolos, juego de bolos, carrejo, cureña, bolatoki, bolajokoa… al fin y al cabo es la manera popular y documentada que hemos encontrado para denominar al juego de bolos y vamos a respetarla sin entrar en más consideración. Aun así, la forma de llamarlo nos da una pista de la modalidad o campo de juego de que se trataba.

Nos comentó Félix Mugurutza, filólogo vasco experto en toponimia, entre otras cosas, que la manera correcta de llamar a la zona de juego en el occidente vasco era Bolaleku. Nosotros en Artziniega no lo hemos ni escuchado ni leído, pero en Aiaraldea existen topónimos con esa denominación.

Del  juego de bolos en zonas limítrofes con Artziniega hemos contabilizado tres modalidades de juego distintas, en el País Vasco más de una decena.

En el estudio de investigación realizado por Joaquín Jiménez, titulado “El juego de bolos en Alava”, editado por el departamento de Cultura de la Diputación Foral de Alava en 1970 habla del “juego de nueve ayalés” que no es otro que el bola-toki que se practica en todo el País Vasco y dentro de Álava, especialmente en el Valle de Ayala.

En ETNOGRAFIA DE LAS ENCARTACIONES DE BIZKAIA JUEGOS DE BOLOS TRADICIONALES. Valle de Somorrostro y Anteiglesia de Barakaldo de Carlos Glaria García publicado en el anuario EUSKO FOLKLORE de 1988, tomo 35 nos habla del “pasabolo” que compartía con los demás municipios de las Encartaciones, algunas zonas de Cantabria, el norte de la provincia de Burgos, ciertos pueblos alaveses, y con ramificaciones en algunos grandes núcleos de Bizkaia a los que ha sido llevado por personas procedentes de las zonas primeramente citadas.

Por otro lado, en el trabajo El Valle de Mena  y sus pueblos. Tipografía Artística. Santoña, (1925) de Angel Nuño García, habla del llamado hoy  bolo tres tablones: “Hasta los años de 1880 al 90, este juego se componía de tres cureñas con tres bolos de madera cada una”.

De esas tres modalidades que se practicaban por la zona, gracias a los testimonios recogidos, descartamos esta última. Por lo menos en estas últimas décadas no se ha jugado en Artziniega. En uno de ellos, nos contaba Fernando Retes (71 años) que él tocaba con el difunto “Toñin” el músico por todos los pueblos de la zona y que en todos había un carrejo: “En Santa Coloma, Retes,…se jugaba al pasabolos, era  un tablón largo dónde se ponían tres bolos y a lanzarlos cuanto más lejos. Ya en la zona de Losa eran tres tablones. Y el del frontón de Artziniega era como ahora, se ponían 9 bolos y uno más pequeño y el carrejo con remonte”.

Bola y bolos

En las dos modalidades que creemos que se han jugado en Artziniega, la bola utilizada se llama de “agarradera” o “eskuzulo” y se construían de distintas maderas: nogal, (a ser posible de la cepa o raíz), de haya, de acerón, etc.

Las dos son de forma esférica, maciza y con un diámetro que puede oscilar en las siguientes medidas: las del pasabolo o pasabolo tablón que se llama hoy en día entre 22 cm y 25cm y un peso de 4,5 a 7kgr y  las del juego de 9 ayalés o bolatoki suelen oscilar entre 28 y 32cm y un peso de 13 a 17kgr. Existía alguna de más peso, como recordaba Ignacio Aretxederra de Gordexola en un testimonio recogido en el libro El Gordejuela de Antaño (2000): “normalmente las bolas pesaban entre 13 y 17 kg pero que en el carrejo del frontón de Artziniega había una de 20 kilogramos.  El amuriarra José Berganza recuerda en la revista Aunia, antes citada, que llegó a hacer una bola hasta de 25kgr. (Según unos u otros, se discrepa tanto en medidas como en pesos).

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Si se llamaban de “agarradera” o “eskuzulo” era porque disponían ambas de una concavidad para poder agarrarlas, llamado agarradero. La del pasabolo consistía en un agujero circular de unos 3 cm de diámetro, destinado a meter el dedo pulgar, y a una distancia de unos 4 cm llevaba una concavidad profunda en forma de media luna, de 10 a 13 cms de largo y de 5 a 6 en su parte más ancha, destinada a introducir los restantes dedos de la mano. Esta hendidura se unía interiormente con el agujero antes descrito, al objeto de facilitar el agarre de la bola. La del juego de bolos ayalés o bolatoki prácticamente igual.

En cuanto a los bolos, chirlos, chirlas… en el pasabolo  son tres bolos de madera de forma totalmente cilíndrica, con ambos extremos algo desgastados, de unos 3 cm. de diámetro en toda su longitud y 1,5 cm. en las bases. Su peso oscila alrededor de los 200 gramos.

En el bolatoki no nos atrevemos a decir las medidas porque hemos leído de todo,  lo que está clarísimo es que eran 9 bolos y uno más pequeño que se denomina bolinchín, cuatro, txikerra, chiquito…

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Como nadie nos ha sabido explicar exactamente las reglas de juego, os vamos a poner la explicación que da Carlos Glaria García sobre estas dos últimas modalidades y características del campo de juego, sin entrar en muchos tecnicismos ni consideraciones sobre si antes se jugaba de una manera u otra. Ya hay trabajos extraordinarios hechos al respecto. Y es que, como siempre decimos, queremos hacer artículos amenos y para todo el mundo. El que quiera saber más tiene en la bibliografía algunos de los libros y trabajos consultados.

Modalidad de juego y características de la zona de juego

BOLATOKI (él lo denomina Remonte o juego de bolos de la comarca de Ayala)

Las boleras, carrejos o boladeras suelen tener una longitud de entre veinte y veintiocho metros y una anchura que suele oscilar entre los tres metros y medio a los cuatro metros y veinte centímetros. El suelo de la bolera suele ser de tierra arcillosa y no es plano. A ambos lados el suelo hace un remonte o un pequeño desnivel, lo mismo que desde la losa de los bolos hasta el tronco del final. Con el paso del tiempo el desnivel de ambos lados se ha ido pronunciando y, en lugar de la arcilla originaria, se utiliza madera.

Es más, hoy en día el suelo de algunas boleras es totalmente de madera, exceptuando la losa.

La bolera tiene cuatro partes:

– La zona de lanzamiento: Suele tener como máximo cinco metros y se trata de una zona llana, en la que el jugador coge carrerilla y lanza la bola rodando.

– La zona del recorrido de la bola, que se puede desarrollar tanto por una pendiente como por la otra.

– La zona de la losa: en esta parte la bola percute con los bolos y los derriba.

– La última zona de pendiente, que discurre desde la losa hasta el tope. La bola después de chocar contra el tronco vuelve y derriba algunos bolos que quedan de pie.

 En esta modalidad se utilizan, para su derribo, nueve bolos grandes y un bolo pequeño. Como suele ser habitual, el bolo pequeño –bolinchín, cuatro, txikerra, chiquito– manda en la jugada, ya que es el que más puntúa, con cuatro puntos.

Las bolas son de las de agarradera y han de tener un diámetro entre veintiocho y treinta y dos centímetros. En lo que respecta al peso se suelen utilizar bolas de entre ocho y catorce kilos, a pesar de que a veces se juega con bolas aún mayores. En este juego el jugador ha de ser muy hábil y diestro para derribar el mayor número posible de bolos. Para ello ha de lanzar la bola con efecto y tras hacer la bola el recorrido por la zona de pendiente, además del bolo pequeño, ha de derribar los grandes.

Los bolos que derribe la bola en su retroceso también se valoran. Vamos a citar algunos de los términos relacionados a esta modalidad, como, por ejemplo: armar o plantar, que es poner los bolos en la losa; birlar, cuando un bolo derriba a otro; calva, cuando la bola pega fuera de la zona acotada; campa o finca, cuando la bola discurre junto al grupo de bolos pero no los derriba; mudar, cuando se coloca el bolo pequeño en otro lugar de la losa; mojados, cuando se derriban todos los bolos, dentro de una modalidad donde en una jugada se pueden conseguir como máximo dieciocho puntos; secos, también derribando todos los puntos pero en una jugada puntuada con trece puntos, y los txipos, los nueve agujeritos de la losa para colocar los bolos.

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PASABOLO (Pasabolo de tablón lo denomina él)

En esta modalidad la bola se lanza con gran ímpetu sobre un tablón o cureña para que los tres bolos que se encuentran de pie lleguen lo más lejos posible por el aire. Es muy espectacular ver como vuelan los bolos, a veces hasta alcanzar distancias de cuarenta y cincuenta metros.

La bolera tiene dos zonas diferenciadas:

– Una de ellas es un corredor de seis metros, en la que el jugador realiza una intensa y corta carrera para lanzar la bola y, luego, está el tablón o cureña (de ocho metros). Los tres bolos están situados en él. El tablón es ligeramente cóncavo pues ya de esa manera es más fácil guiar la bola. Antes de lanzar la bola, se suele humedecer tanto está como los bolos y el tablón. El tablón tiene tres pequeños orificios para colocar los bolos de pie y eso se consigue con la ayuda de la arcilla.

– La segunda zona corresponde a la cancha marcada por medio de líneas.

La cancha tiene una anchura de veinte metros y una longitud de cincuenta metros. En la cancha hay siete líneas, cada una a cinco metros de la otra y las citadas líneas son las que conceden la puntuación a los bolos. La línea que está más cercana al tablón vale diez puntos y la más alejada, la séptima línea, setenta puntos. Por lo tanto, en las jugadas mejores se consiguen doscientos diez puntos. Cada jugador ha de lanzar ocho bolas y se suman las puntuaciones de todas ellas. Los bolos son los más ligeros de todas las modalidades, ya que se trata de cilindros de aproximadamente doscientos gramos.

Las bolas suelen ser de madera de manzano o de “acerón”, tienen ranura para los dedos y pesan entre cinco y siete kg. Es evidente que en esta modalidad es necesaria la fuerza para lanzar los bolos lo más lejos posible pero, además, el jugador ha de poseer una gran técnica ya que se ha de pegar a los bolos de lleno porque de no hacerlo así se desvían con gran facilidad hacia los laterales y recorren una distancia mucho más corta.

Pasabolo

JUEGOS DE BOLOS Y PASABOLOS DOCUMENTADOS

Después de intentar explicar a grandes rasgos la historia del juego de bolos y de las dos modalidades que hemos podido constatar-que se jugaban en el municipio de Artziniega y desde cuándo, ahora tocar ubicar y a qué modalidad se jugaba en cada uno de ellos.

ARTZINIEGA

Campoabajo

La primera cita que aparece la ubicación (decimos ubicación porque que se jugaba a bolos en el siglo XVIII ya hemos demostrado) de un juego de bolos en Artziniega es en la sesión ordinaria del 22 de Abril de 1855. Hablan de hacer un juego de bolos cubierto en el Campo de Abajo, para que el vecindario no se vaya a beber a otros pueblos, aparte que le vendría bien al pueblo dicha tejabana para el mes de agosto:

“Convencida la municipalidad de las ventajas que ha de reportar al vecindario el poner un juego de bolos cubierto a fin de evitar el que en los días festivos vayan los vecinos a beber fuera de la jurisdicción, como también el tal establecimiento servira de recreo para el vecindario y aun de utilidad a la generalidad del vecindario en ciertas ocasiones como en el Agosto, se acuerda se haga una tejabana abierta en el punto más aproposito del campo de abajo, a cuyo fin se da comisión a el Alcalde y Regidor primero y Secretario a fin de que lo ejecuten en la forma que mejor les parezca hechando mano de los arboles del común que tengan por conveniente”.

El 10 de Agosto de este mismo año se acuerda que se preparen los materiales para ejecutar la obra. “Se acuerda que se preparen los materiales convenientes o necesarios para proceder a ejecutar el juego de bolos en el campo titulado de abajo”.

En sesión ordinaria del  5 de Abril de 1868 ya nos habla con más exactitud dónde estaba ese juego de bolos y nos da una idea de cómo sería ese juego de bolos: “También manifestó al señor Alcalde que la tejavana o juego de bolos contiguo al hospital estaba amenazando ruina no solo por los postes principales si no tambien por la pared y cabrios estando rotos algunos de ellos y otros para romperse por ser de tablas de chopo y teniendo en cuenta lo costos de la reposición se acuerda el deshacerlo y recoger la teja y destinándola igualmente que la piedra al campo santo que se intenta hacer.

Con estos datos, creemos que la ubicación de dicho juego de bolos estaba en lo que hoy llamamos Geltoki Plaza (Campoabajo), porque allí pegado a la casa de Zubiaur estaba el antiguo hospital. Conociendo la forma del terreno anteriormente y sabiendo que el campo de abajo fue una enorme era comunal, sólo nos queda este sitio libre y llano para que pudiera ubicarse una bolera. El otro era el camino del camposanto antiguo. Como no tenemos planos y no vivíamos en esa época no se puede asegurar el lugar exacto ni a qué modalidad se jugaba, aunque deducimos que fuera en este punto exacto:

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Cruz roja el antiguo hospital, cruz amarilla el cementerio y puntitos verdes el juego de bolos.

Duró sólo 13 años este juego de bolos cubierto, puesto que el  7 de junio de ese mismo año se acordó usar sus materiales para otros menesteres debido a su estado y se propone hacer otro pegado al juego de pelota: “Tambien hizo presente que el juego de bolos de junto al hospital estaba amenazando ruina a consecuencia del material de chopo que se empleo para cabrios, y la mediana construcción de sus paredes por lo que a su juicio a fin de que no se pierda la teja conviene el levantar el tejado y materiales y colocar en otra parte, y en su virtud se acuerda que se levante y se forme otro juego de bolos contiguo al juego de pelota que se ha arreglado que es donde puede hacerse con mas economía”.

Era una época donde el ayuntamiento de Artziniega estaba pasándoselas canutas económicamente hablando debido a las guerras carlistas. ¿Dónde se ubicaría ese juego de bolos pegado al de pelota? Pues de momento ni idea.

Campoarriba

El 24 de Setiembre de 1892 Eugenio Garay Rivacoba y el Ayuntamiento de Artziniega firman un convenio por el que el Ayuntamiento cede a aquél el terreno municipal titulado “Campo de Arriba” sito en su término municipal y Garay se compromete a costear la construcción en el mismo de varios edificios municipales. Entre ellos un juego de bolos.

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Rayas naranjas dónde estaba ubicado

El juego de bolos estaba situado donde está el actual, debajo del casino y pegado al frontón, como podéis observar en el plano. Pero como decía Eugenio Arbaitzagoitia, nosotros también hemos podido constatar en la foto y así nos lo asegura la gente mayor de 80 años, que tenía menos remonte que los actuales o en este caso que el actual de Artziniega.

Debido al deterioro, a pesar de estar cubierto, se renueva toda la madera y se hace una reparación exhaustiva en el año 1958. El encargado de la reparación fue Luis Otxoa Laburu, o al menos lleva su firma, aunque el albarán sea de Carpintería y Serrería mecánica Miguel Otxoa, su padre. Aquí el presupuesto y condiciones para la reparación del juego de bolos:

Se pondrá todo el suelo desde la raya de tire hasta la piedra, arreglando el resto del suelo y el sonador de las bolas.

En lo nuevo, se meterán todas las maderas nuevas y donde vayan las juntas de las tablas serán dobles con el fin que los clavos se refinen todo lo posible de las juntasde la tabla teniendo esta 0,20 de ancho.

La tabla del suelo será de roble al igual que las traviesas y de 0,45 a 0,50mm de grueso. La tabla irá clavada con puntas y embutida la cabeza un centímetro.

De momento se hará una reparación poniendo la tirada en la parte derecha y de esta forma dar tiempo a que la nueva madera esté en buenas condiciones de seguridad.

Todos estos trabajos y material ascienden a 4880 ptas.

A esta bolera se jugaba al juegabolo ayalés, de remonte ayalés,  bolatoki o como queráis denominarlo, y estuvo en pie hasta que hicieron la cubierta del frontón en el año 1974.

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Bolatoki año 1968.

En el libro Memoria del BOLO DE REMONTE (2012) de Enrique Arrazuria nos cuenta esta anécdota: “en este carrejo hubo un desafío entre Marcelo Iturribarria y Pepin Otxoa de Artziniega, iban tirando cada vez más atrás hacia la carretera como el actual, Pepin tiró tan fuerte y mala fortuna que rompió el tabique del fondo y el alguacil de Artziniega, Lázaro Villanueva les hizo pagar un nuevo tabique”.

Frontón

Esta bolera aunque estaba situada en el mismo lugar que la anterior, la consideramos una más en la historia del bolo en Artziniega, ya que se construyó sobre un solar diáfano, no se reconstruyo la anterior. Como es de reciente creación no hemos mirado en el archivo municipal la fecha exacta de su construcción. Nos dicen desde Errondo bolatoki elkartea que la construyó Velasco en el año 2002 y fue por ese motivo por el que crearon la asociación. Hubo años que jugaron bastante, y  el 5 de Junio del año 2010, organizado por dicha asociación, se disputó en esta bolera el campeonato de Euskadi de Bolatoki. El txapeldun ese día fue Angel Luengas del Bola Toki Ayala, segundo clasificado Oskar Olabarrieta de Okondo y tercero Eustakio Nuñez del Bola Toki Ayala.

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Hoy es el día que llevamos tiempo que no hemos visto jugar más a bolos aunque sigue en pie. El del mural que aparece en la pared del fondo es Antonio Canibe Castresana, un gran aficionado a los bolos de Sojo, recientemente fallecido. Se jugaba en la modalidad de bolatoki.

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Ureta 

Nos contó Isidoro Llantada Cabello (86 años) que vinieron a vivir de Sopuerta a Ureta (Llanteno), a la casa dónde el ministro (la casa que está a la izquierda del puente de Ureta pasando el río) y que su padre José montó un pasabolo donde hoy está la granja (la granja de Avilogan). No se acuerda del año.

Un vecino de Llanteno que pasaba por allí el día que fuimos a visitar el lugar donde estaba situado nos contó que él de crío se acuerda de ese juegabolos, y que se dejaría de jugar en los años 50. Nos comentó que eso se llama Campasota (el lugar donde estaba ubicado), y justo enfrente estaba la Venta de Ureta.

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Raya azul, el pasabolo; verde, el juegabolos; amarilla, la casa dónde vivía y roja la Venta.

Decía Isidoro que “la que montó mi padre, era un pasabolo con un tablón y tres bolos. Pegado a la carretera estaba, teníamos problemas por eso. Se jugaba al que más lejos tiraba los tres bolos. Allí en Sopuerta había mucha afición al pasabolo. Luego había un carrejo de remonte justo dónde la granja, allí se ponían 9 bolos y el pequeño se iba cambiando. Me acuerdo, que allí en casa, hizo un pasabolo pequeño para que jugáramos los críos”.

La venta de Ureta y Campasota es Artziniega, por lo tanto las dos bolera estaban en el municipio. La casa donde vivían pertenece a Llanteno, por lo tanto ese pasabolo pequeño no lo incluimos.

La Fonda

Tanto Mateo como Gotxi, ambos miembros de la asociación Artea, nos informaron de que en la Fonda, hubo un carrejo. Mateo Lafragua Alvarez (63 años), por su parte nos comentó una anécdota ocurrida a un vecino de Mendieta, ya fallecido, que le había contado su padre. Este hombre de Mendieta en una partida de bolos que allí se jugaban “bebió tanto vino que cuando subía para casa, se quedó con los gitanos en la Encina, allí siguió dándole al frasco y se quedó a dormir con ellos”. Suponemos que sería en un día de Feria, que era cuando venían los gitanos.

Teniendo esta información, preguntamos a la familia Paredes-Astarloa que era y sigue siendo la propietaria de dicha Fonda, hoy cerrada como tal. Y efectivamente, nos comentaron que “estaba en el centro de la panadería (hoy cerrada) así como en perpendicular, más allá había un gallinero grande y a la derecha un enorme nogal. El juegabolos era cubierto, estilo al de Quejana. No era pasabolo, era juegabolos como el del casino. Pasabolos, de tirarlos cuanto más lejos era en Mendieta y así, esos mojaban las bolas y el carrejo y los mandaban pero que muy lejos. Se dejaría de jugar en este juegabolos, hacia los años 50. De la fonda bajaban el vino.”

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Casa Luciano

Nos contó “Luisita” Luisa Retes Ortiz (82 años), una de nuestras mejores informantes, si no la mejor, con una memoria privilegiada, que “en el bar Casa Luciano había un carrejo abajo a la parte izquierda, dónde hoy hay una terraza con unas mesas”.

En el libro antes citado de Enrique Arrazuria así viene recogido: “Hubo un carrejo en el bar de Luciano, cubierto éste, se encontraba en la cuesta de su mismo nombre “cuesta Luciano”, desapareció sobre 1920”.

Un documento oficial del año 1995 que ha llegado a nuestras manos, confirman estos testimonios orales: “…y en la casa que fue edificada hace más de 100 años en el terreno que ocupaba el horno de cocer pan, leñero y juego de bolos denominada el Sastre. Conocida también por la cuesta de Luciano nº1 de Arceniega”.

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Unos cuantos octogenario,s nos comentaron que este carrejo era con remonte y se jugaba a juegabolos. En el libro de Enrique, habla de que desapareció sobre 1920. Nosotros con los testimonios que hemos recogido creemos que sobre 1950, incluso más tarde se dejaría de jugar. El dueño del bar o restaurante era Luciano Zalabarria, de ahí el nombre.

La Encina

En el libro de José Iturrate antes mencionado se recoge un testimonio de Enrique Torre. Enrique vivía en una casa que compró su padre en el barrio de La Encina. Cuenta que “el juega bolos tenía una extraordinaria importancia en las ferias. Con frecuencia se jugaban el producto de las ventas de ganado, y no faltaban los desaires y disputas en algunas ocasiones. Por este motivo –afirma- se suprimió el juego de bolos”

Fuimos a hablar con Mariví Cañibe Polancos (64 años) que sabíamos que vivió en esa  casa y nos dijo que “Allí, lo que está pegado a dónde vivíamos, eso alargado, era una cuadra pero mi padre (su padre era José Ramón Canive) cuando éramos crías siempre nos decía, Id al juegabolos!”. Dicha cuadra, que en origen era una bolera, nos dijo que era cerrada antiguamente. La casa dónde vivía es la primera a la derecha de la campa de La Encina.

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La sesión extraordinaria del 9 de Abril de 1877 nos confirma estos testimonios orales, cuando piden a Domingo de Bengoa y su mujer  Rufa Guinea que acrediten “el echo de pagar como propietarios de una finca compuesta de heredad, casa tejabana, juego de bolos y ornera, sitaen el termino de la encina”.

Por las características que tiene y la forma de denominarlo, juegabolo, seguramente sería de remonte o bolatoki.

CAMPIJO

Filomena Campo Urquijo (84 años) y su hermano  Francisco (77 años) eran de Campijo, vivían en una casa que se quemó cerca de la iglesia. Nos cuentan que el carrejo estaba delante del pórtico de la iglesia, enfrente de su casa. Era una cureña que se ponían tres bolos y el que más lejos los lanzara ganaba y que allí jugaba mi bisabuelo Wenceslao (el bisabuelo de uno de los que suscribe). “Se jugaban el cuartillo y el pellejo de vino, en Santa Coloma una vez hasta la pareja de bueyes se debieron jugar unos”.

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GORDELIZ

Cuando ya estaba el artículo casi terminado, nos dimos cuenta que aparte de Villasús, un pueblo de la jurisdicción de Artziniega ya desaparecido, faltaba sólo Gordeliz. Así que ni cortos ni perezosos, y estando seguros que allí tuvo que haber una, por ser un pueblo de paso y tener una venta (la Venta de El Refugio). Fuimos a casa de un vecinode Gordeliz de más de 70 años (no ha querido que apareciera su nombre, por lo tanto vamos a respetar su identidad) a preguntarle a ver si conocía o había oído hablar de una bolera. Nada más preguntarle no dudó ni un segundo y dijo señalando con el dedo: “Allí estaba! en ese camino, la casa esa cuando aquello no existía. Pero yo no la he conocido, de oírle a mi padre. Seguro que Mingo si le preguntáis sabe algo, porque seguro que él habrá jugado”. No sabía si era pasabolo o juegabolos. Se acordaba de la de Santa Coloma “En el carrejo de Santa Coloma se jugaban partidas pero de campeonato!”.

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Mingo el pobre está en cama y no queríamos molestarle.

(A Campijo y Gordeliz no les metemos dentro de las de Artziniega por ser pueblos, aunque siempre han sido de la jurisdicción de la Villa)

SANTA COLOMA

Todos los vecinos de Santa Coloma de cierta edad nos han sabido ubicar las boleras del pueblo que, eran dos:

Santa Coloma

Filomena y Francisco nos contaron que había una  “dónde Alicia en el rellano aquel enfrente de su casa”.

El hijo de Filomena, por su parte, se acordaba de verle jugar a mi abuelo Vicente (uno de los que suscribe). “Hacia los años sesenta dejaría de funcionar y echaron tierra”. Se acuerda que “era un madero de unos  10 metros que ponían tres bolos. Se tiraba de un poco más atrás de dónde empezaba el madero como en un altillo. En el fondo había un pozo para parar las bolas”. Decía que “las bolas, las tenían hasta una semana en agua antes de tirar”. No sabe exactamente para que. “Cuando no jugaban en el pajar las guardaban”.

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Fuimos a visitar a Alicia Canive, y nos dijo exactamente el punto dónde estaba. No tenía ninguna duda, es que era justo delante de su casa como nos decían los testimonios anteriores.

Ibiernes

 “Chaveli”, Isabel Villanueva Orrantia (75 años), que siempre que vamos a su casa nos recibe de diez, como sabéis vive en Campijoarriba (Campijo) no en Santa Coloma, pero su casa está a tiro de piedra de esta  antigua bolera. Cuando fuimos a hablar con ella nos dijo que “el juegabolos estaba a la parte izquierda de las escuelas, señalando desde su casa, (habla de las escuelas de Santa Coloma dónde estudio ella, que aunque no se den ya clases el edificio sigue en pie). Yo no vi jugar pero recuerdo que era un tablón.”  También se acordaba de la anterior citada. “Allí enfrente de la casa de Alicia en el rellano aquel”.

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Filomena  y su hermano Francisco también recordaban esa bolera, “estaba dónde las escuelas” nos dijeron.

Que estuviera allí en un lugar no cercano a la iglesia, se nos hacía raro. Así que nos pusimos a recordar y repasamos unas citas en los libros de actas del archivo municipal, donde viene que en Santa Coloma existía un parador o posada llamado “La Esperanza”. Allí se ponía el colegio electoral en el siglo XIX y hay varias citas de cobros de sisa del vino. Creemos que ese parador o posada, como viene recogido en las actas, es la casa que está justo enfrente de las escuelas. Entonces ya nos cuadra más, ese pasabolos sería al que jugaban los que hacían un alto en el camino y pernoctaban allí.

SOXOGUTI

La bolera de Soxoguti nos contaba Maxi Yarritu Gotxi (78 años) que él no la ha conocido, pero que tiene oído a su padre que estaba pegado al cementerio a la parte de abajo, donde han puesto los buzones. Por lo tanto, sabemos por este testimonio que este pueblo contaba con bolera y cerca de la iglesia, pero no sabemos a qué modalidad se jugaba.

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Punto rojo la iglesia, azul el cementerio y raya verde el carrejo.

RETES DE TUDELA

No hay vecino en Retes que no supo decirnos dónde estaba ubicada la bolera, todos de cierta edad se acordaban perfectamente y nos comentaban que era pasabolo, un tablón con tres bolos y lanzarla cuanto más lejos.

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En unos de los testimonios recogidos (este tampoco ha querido que apareciera su nombre), nos decía que “era un carrejo con una madera y se ponían tres bolos. Alguna vez que tiraban llegaban hasta el pueblo dónde el baile. Mojaban los bolos, se supone que para que iría con más fuerza. Hasta el año 70 o así se jugaría”.

Lo de que llegaban los bolos hasta la plaza lo recuerdan todos.

Esto de mojar los bolos, nos comentó más gente como Ramón Aretxabala (72 años). Se acordaba que “solía haber un pequeño pozo para mojar los bolos, se supone para que deslizara mejor la bola y no se agrietase”.

MENDIETA

El siguiente testimonio es de un vecino de Mendieta de más de 70 años, que ha vivido allí siempre, con el que solemos hablar mucho y es muy majo, pero por lo que sea no quiere que aparezca su nombre. Nos decía que “la he conocido, pero no ha visto jugar. Era un carrejo y se debían poner tres bolos. La dirección era para la casa de Tito, para allí debían ir los bolos”. Nos llevó exactamente donde estaba ubicada, en el término que llamaba El Campo.

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SIERRA SÁLVADA-GOROBEL

Kobata

La sierra aun no siendo del municipio es un terreno comunal dónde la Junta de Ordunte tiene derecho de pasto desde hace siglos. Por este motivo y porque nuestros antiguos pastores jugarían en el poco tiempo libre que les quedaría, la hemos incorporado.

Nos contó Maxi que “en Kobata allí cerca de la “txaulas”, había una y algún resto queda, a la parte de abajo de la Corralada, detrás de la chabola nueva”.

Así lo afirma también Enrique Arrazuria en su libro: “También hubo otro en Kobata, en la zona de las txaulas, a unos 60 metros de la “Corralada” donde jugaban los pastores cuando sus quehaceres diarios se lo permitían, se dejó de jugar sobre 1940”.

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En el recuadro rojo debía estar.

Como vemos, en todos los pueblos las boleras vistas no de oídas, eran de pasabolo, pero no queda ni un vestigio de ellas. Así que fuimos a Artieta, un pueblo que linda con nuestro municipio dónde restauraron el pasabolo, para que os hagáis una idea de cómo eran. Un pasabolo que conserva todo lo antes mencionado, el pequeño pozo para mojar las bolas, la cureña, las tres cajas para los bolos…

Los motivos de los que se dejó de jugar no vamos a intentar explicar porque nos daría para largo. Lo cierto es que sólo conservamos una, la del frontón, en este caso un juegabolos de remonte o bolatoki, dónde hace años que no se ve jugar.

Como habéis podido apreciar, tenía tal importancia en la sociedad el juego de bolos que nos ha dejado hasta dichos populares. Os dejamos estos dos, con los que queremos concluir este humilde artículo:

Éste de Artziniega decía: “A los de Sojo a mús se les podía ganar, pero a los bolos no”.

Y éste recogido en Aramaio por Joaquín Jiménez, que viene a responder a la pregunta ¿Qué tal? Tirando o como siempre”: “Zer moduz? Aurrera bolia , atxeango amporra jo arte eta gero asi ostera”. (La bola para delante hasta que toque el tronco de atrás y luego empezar de nuevo).

#De todos los testimonios recogidos tenemos el nombre, apellidos y edad, pero por h o por b algunos no les apetecía que salieran sus nombres.

Bibliografía:

  • Juan José Zorrilla López. Bola jokoa = El juego de bolos (2005).
  • Estanislao Jaime Labayru y Goicoechea. La historia general del Señorío de Bizcaya.
  • Revista Aunia nº 6 del año 2004.
  • José Iturrate. El Santuario de la Virgen de la Encina (1998) .
  • Carlos Glaria García. ETNOGRAFIA DE LAS ENCARTACIONES DE BIZKAIA JUEGOS DE BOLOS TRADICIONALES. Valle de Somorrostro y Anteiglesia de Barakaldo. Anuario EUSKO FOLKLORE de 1988, tomo 35.
  • El Gordejuela de Antaño (2000).
  • Angel Nuño García. El Valle de Mena  y sus pueblos. Tipografía Artística. Santoña, (1925).
  • Joaquín Jiménez. “El juego de bolos en Alava”.Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Alava (1970).
  • Enrique Arrazuria. Memoria del BOLO DE REMONTE (2012).
  • Archivo municipal de Artziniega.
  • Herria.

Fotografías:

  • Archivo municipal de Artziniega.
  • Artziniega Museoa.
  • Enrique Arrazuria. Memoria del BOLO DE REMONTE (2012).
  • Floren Bombín.
  • #ArtziLeaks.

Puente de La Lastra

El lugar de La Lastra se encuentra junto al río de Artziniega, bajando por el camino de hormigón que sale desde el Campo de Abajo (hoy Geltoki Plaza) a la izquierda, antes de pasar el pilón automático que regula el acceso al casco antiguo y que tantos bajos de vehículos ha rediseñado los últimos años. La palabra “lastra” es (y sobre todo era) habitual tanto en castellano como en euskera, es de origen incierto y designa una losa de piedra lisa. Esa lastra o losa de piedra lisa es exactamente lo que nos encontramos allí en el mismo cauce del río.

Para cruzar este río -que es el principal de Artziniega- por ese lugar tenemos un vado de cemento construido a finales del siglo pasado;  y a la izquierda un puente de piedra en arco espectacular. Y no lo decimos nosotros lo de espectacular, que también, lo dicen arqueólogos o historiadores que han escrito sobre ello como Agustin Azkarate Garai-Olaun, Victorino Palacios Mendoza o José Rodríguez Fernández.

A este puente mucha gente en el pueblo le llama “puente romano”. Pero de romano no tiene nada, y tampoco de medieval. Ni siquiera de románico, ni mucho menos. Denominar romano a esa tipología de puentes no sólo pasa en Artziniega, es muy común en todos los lugares que controlaba el antiguo imperio romano, así que estáis perdonados (uno de los que suscribe también le llamaba así de niño). En este artículo vamos a intentar explicarlo.

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Puente de La Lastra. Año 1917. (Creemos que será anterior)

En el libro Arabako zubiak-Puentes de Álava  viene recogidas unas citas, entre otros, de Jean Mesqui, un afamado ingeniero francés que ha escrito infinidad sobre puentes.  A pesar del localismo, nos parece importante para corregir este tópico erróneo sobre la cronología de dicho puente:

La construcción de “arcos subidos” –en expresión que figura varias veces en nuestros documentos- aumenta su capacidad de desagüe constituyendo en ese sentido un avance notable. No obstante, tenía también diversos inconvenientes particularmente en los puentes de un solo ojo como la necesidad de recurrir a cimbrados costosos, su fragilidad constructiva y, sobre todo, la inestabilidad de las rasantes alomadas como consecuencia de la altura que alcanzaban las claves (Ibidem: 171). Este tipo de puentes será característico de regiones montañosas con ríos de cauces de poca anchura que presentan, no obstantes, una importante caudalosidad relativa, como es el caso de la cuenca cantábrica alavesa (R. Galdós, E .Ruiz Urrestarazu, 1983: 81). Durante siglos, los puentes de estas regio lanes fueron fundamentalmente de carácter lígneo: “Dans les régions montagneuses, oú les crue torrentielles doivent s´écouler dans des temps trés brefs, les constructeurs édifient de préférence des ponts de bois, moins coúteux á remplacer” (J. Mesqui, 1986: 171). Muchos de estos puentes de madera comenzarán a ser sustituidos por obras de “cal y canto” a partir del siglo XVIII tal y como, paradigmáticamente, puede observarse en la cuenca cantábrica alavesa. De los 59 puentes catalogados al norte de la divisoria de aguas cantábrico-mediterránea, 45 (77, 58%) fueron construidos durante los siglos XVIII y XIX y 30 de ellos son de medio punto ofreciendo, frecuentemente, perfil alomado. Los ejemplos que pueden traerse a colación son numerosos tanto en la cuenca cantábrica como fuera de ella. Los puentes de La Lastra,(…)etc. constituyen sendos ejemplos de puentes que  responde a una tipología común que se extenderá por la región a lo largo del siglo XVIII: único arco que voltea en medio punto, dovelas de buen tamaño bien escuadradas y rasante quebrada. Como señala J.Mesqui (Ibidem :173), resulta divertido constatar que este tipo de puentes, que no pueden llevarse más allá del siglo XVIII, son precisamente aquellos que – debido al alomamiento de su perfil- reciben con frecuencia la consideración de romanos o, más comúnmente, de medievales.

Como hemos dicho, no sólo pasa esto aquí, es un tópico erróneo desde Fisterra hasta  el Kurdistan, y como dice J. Mesqui en el libro Le pont en France avant le temps des ingénieurs (1987): “un mito cuidadosamente mantenido por los arqueólogos del siglo XIX: les bastaba exhibir un pilote de madera o un azuche metálico para revelar la existencia de un puente romano”.

MORFOLOGÍA

Este puente es un ejemplar de un solo ojo, que salva el cauce del río volteando un arco de medio punto de generosas dimensiones. Tanto la boquilla del arco como su plementería son de sillería, mientras que tímpanos, estribos y otros elementos secundarios se levantan en fábrica de mampuesto regular (mampostería). La rosca del arco, en su lateral derecho aguas arriba, se encuentra modificado por las obras de encauzamiento realizadas, obras que también afectaron a la zapata del puente, oculta en la actualidad por un encofrado (de casi un metro del altura) de hormigón. El puente conserva todavía sus antepechos, efectuados en tosca factura, y un empedrado dividido en dos calles por un cordón central. Los tímpanos como tal no existen, sino que los macizos de mampostería exteriores corresponden con los pretiles de la plataforma viaria que rematan en bloques a rajuela.

Las medidas son las siguientes:

Puente

Alomado.

Longitud total: 12m.

Anchura: 2,75m.

Arco

Medio punto.

Luz: 9,20m.

Flecha 4,70m.

Pretil

Anchura: 0,50m.

Altura 0,70m.

Vía

Encachado.

Anchura 1,80m.

Como vemos, la tipología de este puente es exactamente la que nos describe J.Mesqui y compañía, también el lugar o río. Un río por el que normalmente baja poco agua y de cauce estrecho, pero que cuando llueve mucho o hay deshielo en la Peña trae gran caudal. Además, hay más ejemplos de este tipo de puente construidos en Álava y otras partes del mundo en los siglos XVIII y XIX.

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CRONOLOGÍA

En el archivo histórico municipal de Artziniega no se encuentra ni el autor ni el año en que se hizo este puente. Posiblemente  fue una obra hecha por la provincia, así que en algún archivo histórico provincial podrá estar la documentación, aunque dudamos mucho de que exista si en trabajos de gente tan prestigiosa no aparece  y arqueólogos de la Universidad del País Vasco tampoco han encontrado nada al respecto. Así que con la documentación que hemos recabado vamos a hacer una cronología y tratar de poner fecha de construcción a este puente, que coincide con el siglo dado por los expertos.

· Año 1495:

El 21 julio de 1495 los Reyes indican que Lope de San Pelayo, en nombre de la villa y tierra de Arciniega, les dijo que hacía mes y medio que hubo gran diluvio y tempestad de piedra y agua, que llevó todos sus puentes, esta información la envía al Consejo para que provea lo que proceda.

· Año 1537:

El 16 de Febrero de 1537 el Rey Carlos I otorga una carta de poder a la Villa de Arceniega para reparar los cuatro grandes puentes que hay en los términos de la Villa que  las grandes avenidas de agua habían derribado o llevado porque estaban mal reparados.

·Año 1591:

Un pleito sobre heredades del 26 de Agosto de 1591 decía: “otra pieça en basave sobre la puente de carrera”.

·Año 1659:

El 7 de Mayo de 1659 las Juntas Generales de Álava aprueban la memoria de los puentes de la provincia que se deben reparar a costa de ella y de los que corren por cuenta de los lugares en los que se encuentran. Aquí aparecen los cuatro puentes generales de la provincia pertenecientes a Artziniega, que son: “Ureta, Urtave, Santa Olalla y Barrache” (en la transcripciones que hay al respecto pone Santa Olar, para nosotros pone Santa Olalla).

· Año 1731:

Apeo entre la villa de Artziniega y la Tierra de Ayala del 24 de Setiembre de 1731: “Se allo otro (mojón) a lo ultimos de las carcabas que le yzieron de parte de la Villa en el paraje que llaman ganzabala y bajando bia retta junto y arriba del sendero que sale del barrio de pettiz azia la villa y a la vista de la tejera de Garabilla”

· Año 1737:

Libro de cuentas del año 1737 del archivo municipal de Artziniega: “dos días de Bereda para componer el ponton de La lastra”.

· Año 1741:

En un mandamiento fechado el 22 de febrero de 1741 por parte de las Juntas generales de Alava para que arregle a su costa, del puente de Arciniega se dice lo siguiente: “que se compone de tres zepas muy bien executadas por su frontal y que por no aver de roble los echan de enzina y a pocos años se pudren y se caen con brevedad”. También dice que aunque no sea general es igual o más importante que los otros generales por la cantidad de arrieros que bajan de la Peña de Angulo o los otros dos portillos, con vino hacia Bilbao y otros muchos pueblos. Entonces instan a que se haga de piedra para que sea permanente. Estaban hablando del puente de Gordeliz.

· Año 1747:

En un mapa topográfico que se encuentra en el archivo de la Chancillería de Valladolid que se realizó debido a un pleito entre los concejos de Artziniega y Mendieta, sobre posesión y aprovechamiento de términos, aparecen cinco puentes que son: “Ureta, Urtabe, Santa Eulalia, Molinos de Arriba y Varrachi”.

· Año 1769:

En una carta remitida el 3 de Marzo de 1769 por el capellán de Soxo Francisco de Gorbea Viergol al geógrafo del reino Tomás López y Vargas para hacer el Atlas Geográfico de España, en este caso el territorio que abarcaba la Vicaria de Tudela, y posterior trabajo publicado con mapa y todo, dice lo siguiente: “en el Rio de Arceniega se encuentran los puentes de Ureta, de Urtabe=la de Abajo=la de la Lastra=la de Arriba=la de Barrachi= y la de Gordeliz, y no os cuento los pontones que hay hasta la Peña”.

· Año 1855:

El acta de la sesión celebrada el 10 de Agosto de 1855 dice: “Mediante el mal estado en que se encuentra el  Puente de la lastra y algunos otros se acuerda se proceda a la reforma de los pretiles”.

· Año 1859:

En una sesión extraordinaria en la casa consistorial de la Villa de Artziniega celebrada el 7 de Setiembre de 1859 se acuerda “que se componga el puente de la lastra y se arreglen las cunetas desde Barreteguren a Ureta como también los pasos malos que hay desde Barrachi a tomar el camino de la Fuente de la Fragua”.

· Año 1937:

Carta remitida al Ayuntamiento de Artziniega el 13 de Febrero de 1937, en plena guerra civil: “En contestación a su oficio comunicación de fecha 11 del corriente referente al acuerdo de 2 de Enero último por ese Ayuntamiento: Debo manifestarle que por el Ayuntamiento de aquella fecha se acordo la construcción y arreglo del camino de la Lastra a Valderrama así como el arreglo del estribo y realzamiento del puente”. Esta obra la hizo Isidoro Urruela de oficial y  Félix Aretxabala como peón. Los materiales accesibles se llevaron mediante vereda y lleva la firma de Eugenio Yarritu, acompañada de un Salud y República.   

 

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Postal de principios de los 80.

 

CONCLUSIÓN

En el año 1495 vemos que en Artziniega había varios puentes; en 1537 que eran cuatro, nmientras que en 1591 nos hablan por primera vez de una construcción para pasar dicho río a Basabe, (Basabe se encuentra más arriba que La Lastra). En esa época se llamaba la puente” tanto a pontones como a puentes, fuera cual fuera el material de que estuvieran hechos.

En cuanto a los siglos XVII y XVIII las citas son abundantes: en 1659 nos dicen cuáles eran esos puentes que había en Artziniega, los principales y hechos a “cal y canto” (de piedra), que son Urtabe, Ureta, Santa Olalla y Barratxi. En 1731 vemos que esa “carrera sobre la puente”, era un camino que iba desde la Villa hasta el barrio Petiz en Llanteno, camino ya convertido en senda que hemos conocido, hoy muy cerrada. En 1737 nos habla de un pontón, por lo tanto lo que había allí era un pontón, no un puente, porque como vemos en el mapa de 1747, no aparece ningún puente de La Lastra. Como novedad, ya nos habla del puente de los Molinos de Arriba (el que está en la escuela y viejas piscinas). En 1741 nos hablan de un puente de madera en Gordeliz que la diputación da permiso para hacerlo de piedra. En 1769, el párroco de Soxo ya nos habla del puente de La Lastra y aparece en el mapa. Y dice que no nombra pontones, sólo puentes.

Es por tanto en ese lapso de tiempo precisamente cuando creemos que se construyó el puente de La lastra actual: entre 1747 y 1769. Seguramente  antes habría un pontón de madera como el de Gordeliz, que debido a que su madera se pudría lo hicieron ya de piedra. Posteriormente se hicieron varios arreglos y en el año 1937, dado que que se estaba hundiendo porque los estribos estaban en el lecho del río, ponen las zapatas de cemento y lo realzan. Por lo que dicen los expertos, el puente sería algo más alto, y esto se puede apreciar en la foto de 1917. Por lo tanto, como bien dicen los que han escrito sobre él, nosotros también creemos que este puente se hizo en el siglo XVIII, y que tuvo que ser después del año 1747 y antes de 1769.

Podéis observar el estado actual de este espectacular puente y lugar en este vídeo grabado por Alaitz Bombín Gutiérrez con un dron (vehículo aéreo no tripulado) publicado en Youtube el 24 de Junio de 2017. Se aprecia que necesita un lavado de cara urgente. Es ahora a las instituciones competentes a las que les toca dar pasos para su conservación, antes de que sea tarde. Y a partir de hoy mismo vamos a intentar llamarlo por su nombre PUENTE DE LA LASTRA, que de romano como hemos intentado explicar no tiene absolutamente nada.

 

Nominación de los puentes: Puente de Ureta, puente de Urtabe, puente de Abajo, Santa Eulalia o Santa Olalla (es el mismo, estaba río abajo del actual que está por Tubacex), puente de La Lastra, puente de los Molinos de Arriba o de Arriba (estaba pegado al actual que está por el colegio), puente de Barratxi (recién restaurado) y puente de Gordeliz (muy cerquita de actual, aguas arriba).

Bibliografía:

  • Agustín Azcarate y Victorino Palacios (1996), Puentes de Alava/ Arabako zubiak.
  • Victorino Palacios Mendoza y Jose Rodriguez Fernandez (2008), Patrimonio arquitectónico en la Cuadrilla de Ayala : elementos menores /Aiarako Koadrilako ondare arkitektonikoa. Elementu txikiak.
  • Jean Mesqui (1987), Le pont en France avant le temps des ingénieurs.
  • Salvador Domingo Mena (2015), Caminos burgaleses: los caminos del norte (siglos XV y XVI).Tesis doctoral dirigida por Juan José García González.
  • Chancillería de Valladolid.
  • Archivo General de Simancas.
  • Archivo histórico municipal de Artziniega.
  • Archivo histórico municipal de Ayala/Aiara.
  • Archivo de las Juntas Generales de Álava.

Fotografías:

  • La Hormiga de Oro, 5 de Enero de 1918, número 1.
  • Postal anónima.